Compartir el poder

29 Ene


La idea de reemplazar regímenes autoritarios o déspotas por un gobierno democrático era, justamente, eliminar el peso de los caprichos o las ocurrencias de una élite como política de gobierno. Quienes se atrevieron a llamarle injusto o perverso a que el destino de un pueblo dependiera del humor o de las relaciones de un Rey abrieron al futuro una enorme posibilidad. La posibilidad, en principio, de dudar, de criticar y de arrancarse velos.

Revoluciones y guerras después se decidió que lo justo y lo necesario eran regímenes democráticos. Soñamos con ello, pero no nos pusimos de acuerdo en soñar lo mismo. El ideal de democracia se nos escapa de las manos porque no hay un acuerdo consentido por las mayorías. Porque cada país quiso tropicalizar el término a su antojo, porque las élites de poder adoptaron el término por estrategia, pero no por convencimiento.

Al final, como en una feria de ciencias escolar, cada grupito ha confeccionado “su” democracia desobedeciendo deliberadamente los ingredientes básicos de la receta: la soberanía reside en el pueblo, el bien común es el fiel de la balanza, son las mayorías las que gobiernan.

Por eso los esfuerzos de los gobiernos locales están encaminados a gobernar sin compartir el poder. En aras de cumplir con nuevos protocolos dicen incluir a ciudadanos en sus gabinetes o consejos, pero éstos se convierten en incondicionales. Los consejeros críticos salen por la puerta trasera al poco tiempo, corridos o indignados. Los alcaldes, los diputados y el Gobernador gobiernan bajo el régimen de la ocurrencia. Cuando el pueblo sospecha, los señalados se aprestan a decir: “no politicemos esta gran idea”.

Claudio Tapia, en una publicación local titulada “Gobierno de ocurrencias”, reseñó las arbitrariedades gubernamentales del momento, esto en noviembre del año pasado. Si la línea 3 del Metro irá hacia Santa Catarina o hacia Apodaca es un asunto de enorme importancia popular. En las últimas declaraciones, Rodrigo Medina dice que el Metro irá hacia Apodaca. No da razones científicas -refiere un plan maestro ausente en el portal de su gobierno-, no convoca a una consulta, se adelanta a los estudios. Cuando alguien pregunta el porqué, el Gobernador se incomoda: “hay que quitarle todas las suspicacias al tema”.

El caso del estadio raya en lo ridículo. No hay un solo estudio público que demuestre la viabilidad del proyecto. Sólo tenemos gobiernos subordinados a las decisiones de grupos de poder fácticos, en este caso, del empresariado. No tendríamos que estar discutiendo si construir o no un estadio privado en un espacio público, mucho menos cuando éste tiene una vocación de conservación ecológica. Hay leyes que evitan estos despojos. Es inmoral que el Gobierno se preste a defender proyectos inviables. Nos roba tiempo.

La respuesta negativa y casi en automático que ha dado Tonatiuh Mejía, representante legal del proyecto, sobre la probabilidad de mudar el estadio a otro sitio evidencia la prepotencia de quienes están acostumbrados a arrebatar. Decir que donde hoy hay 130 árboles después del estadio habría mil 100 es un chantaje del que debiera deslindarse la holandesa Heineken, socia de Femsa: los árboles de un estacionamiento invasor que protegerían del sol a los miles de autos que visitarán el estadio y el complejo comercial no son una ganancia, sino una pérdida. Podemos tener mil 100 árboles sin el estadio. Alguna otra empresa los podría donar sin condiciones, sólo por regresar un poco de riqueza a la comunidad, ¿Heineken?

Ceder discrecionalmente en comodato a una empresa un espacio público es actuar al margen de la ley. En su columna de esta semana, Sergio Elías Gutiérrez expone este punto con claridad. Ubicar un estadio contiguo a un área natural protegida y sobre la rivera de un río vivo es un atentado contra la comunidad que de ninguna forma podría presentarse como necesario o de utilidad pública.

La amenaza que pesa sobre La Pastora demuestra que el Gobierno ha claudicado en sus obligaciones elementales y patentiza la decadencia de una élite empresarial que prioriza sus caprichos ante los derechos de la comunidad.

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2 comentarios to “Compartir el poder”

  1. 0mar enero 29, 2010 a 4:27 pm #

    Para Jimena y grupos ecologistas fundamentalistas:

    Nunca mejor recordado aquel viejo y sabio refrán mexicano que dice “cuando la mula dice no paso y la mujer me caso, la mula no pasa y la mujer se casa”

    Solo les pedimos un favor , no se adjudiquen la representatividad del pueblo de Monterrey , Guadalupe y demás municipios del área metropolitana , nadie se los ha dado , entendemos que tengan sus puntos de vista pero muchos no los compartimos y hasta pensamos que en ocasiones dañan mas la ecología de lo que la ayudan.

    Hablan y pontifican como si sus ideas fueran leyes, creen que porque escriben en un periódico son voceros del pueblo, dueños de la verdad, y adalides de la moral, pero jamás se atreven a señalar a su propio periódico por hacerse rico promoviendo en sus paginas tables dance y prostitución, ni hablar hasta ahí se acaba la valentía.

    Durante años aquí y en otros países se ha promovido la inversión y el desarrollo dando facilidades a la iniciativa privada vía facilitación de terrenos o condonación de impuestos, hay estados que compiten entre si para atraer las inversiones.

    Quizá el odio en este caso es que se trata de una empresa Mexicana (FEMSA) y somos como el cuento del bote de cangrejos mexicanos que no requería tapa porque cuando alguno quería salirse los otros lo jalaban hacia abajo.

  2. Jose Sandoval enero 31, 2010 a 9:33 pm #

    Para Omar (aclarando que no trabajo para ningún medio de comunicación)

    Te pregunto Omar: ¿Se trata de defender a FEMSA o la construcción del estadio?

    Si lo que desean (hablas en plural) es defender a FEMSA, no creo que lo necesite, tiene el suficiente dinero como para comprar voluntades de todo tipo. Además, si esa empresa no quisiera problemas solo bastaría que se decidiera a invertir realmente sin esperar que el gobierno le dé en concesión (60 años) un terreno que le pertenece al estado ya que obtendrá de la inversión mucho más de lo invertido.

    Si lo que desean es defender la construcción del estadio, pues creo que también están equivocados, ya que nadie se opone a dicha obra pero no en terrenos donde resultaría perjudicada la mayoría de la gente del estado. Hay muchos lugares donde podría construirse sin perjudicar lo poco que nos queda en cuanto a lo ecológico, por ejemplo, los terrenos donde estaba celulosa y derivados, ah, pero como cuestan mucho pues no, mejor un terreno que no cueste, que al cabo ¿qué importa la opinión de unos cuantos ecologistas?

    Se dice que el parque la pastora está feo y abandonado, sin pensar que ese abandono tiene por motivo el tener un pretexto para venderlo o construir en él.

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