¡Que viva los novios!

8 Ene


Lo absurdo es que el Estado mexicano conceda derechos por goteo, según prescripción del Cardenal Rivera. Es lamentable que estemos enmarañados en un debate premoderno sobre quién merece y quién no ciertas garantías civiles -como firmar un contrato matrimonial ante un juez. En unos años esto resultará tan inverosímil como que las mujeres alguna vez no podíamos votar o que las personas de raza negra no podían inscribirse en universidades públicas. Al paso de los años esta omisión del Estado se tornará imperdonable.

Que cada quien se case con quien le plazca sería lo mínimo indispensable en una sociedad que se jacte de democrática. Para rechazar esto con vehemencia -como les gusta- las religiones cuentan con sus propios espacios y lo más importante, con sus ritos, que dirigen con total discrecionalidad: aquí no casamos personas del mismo sexo, pero subastamos anulaciones matrimoniales, por ejemplo.

Muchos años me quejé de la cerrazón de la religión católica, pero ahora reconozco que, como cualquier empresa, tiene derecho a ofrecer sus productos al mercado con el diseño y las características que deseen. Ya es asunto del cliente si el producto se queda abandonado o no en la estantería.

Temer al condón y declarar que los homosexuales no se van al cielo me parecen curiosidades de otro club de aficionados al que no deseo pertenecer. Sin embargo, la opinión de los curas o predicadores deja de ser anecdótica cuando violenta los acuerdos sociales, fundamentados en derechos. El frente de religiones cristianas que se ha sumado a la beligerancia de Norberto Rivera evidencia el grave malentendido en el que operan al pensar que lo que Dios les dice debe ser obedecido por la ciudadanía.

Dicen que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una amenaza a “la familia”. ¿Cuál familia?, sería mi primera pregunta, a mi alrededor no veo a nadie que haya perdido sus lazos filiales por la decisión que tomara por mayoría la Asamblea Legislativa del DF, el 21 de diciembre pasado. Todo lo contrario, creo que con esta decisión la figura jurídica que conocemos como matrimonio saldrá beneficiada. Las futuras nupcias entre personas del mismo sexo convocarán a reflexiones sobre la vigencia de algunos de sus significados.

Es paradójico que mientras un grupo desea para sí el derecho del matrimonio, otros desean librarse de esa presión. En México se da por sentado que nacimos para casarnos y para tener hijos. En este sentido, el matrimonio es una condición impuesta por la cultura que la mayoría obedece, aunque al poco tiempo se torne en tormento o resulte en un total fracaso. Pocas parejas cuestionan la pertinencia de vivir en unión libre y muy pocos solteros valoran la decisión de permanecer sin pareja estable. La gran mayoría asume estos artificios sociales como verdades biológicas incuestionables: tengo que casarme.

Por eso, cuando la Asamblea Legislativa del DF legalizó los matrimonios entre personas del mismo sexo una parte de mí celebró -por la paridad de derechos conquistada-, pero la otra se incomodó un poco al pensar que las parejas homosexuales podrían contaminarse del anquilosamiento nupcial que padecen muchas parejas heterosexuales que al casarse persiguen un contrato patrimonial o desean librarse de un pendiente existencial. Que se casan porque toca hacerlo, no por estar convencidos.

Una sociedad moderna empuja a sus instituciones a evolucionar. Si el Estado mexicano discrimina a la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) es porque la sociedad no está comprometida plenamente con los derechos humanos. La tolerancia fortalece nuestros vínculos. A todos nos conviene que todos los mexicanos y mexicanas, sin importar credo, raza o preferencia sexual, recibamos un trato de profundo respeto. No es ningún privilegio tener un derecho que a otros les falta, al contrario, ésa es una situación vergonzante.

Espero que lo que ha iniciado en el Distrito Federal se replique en todo el territorio nacional y que quienes hoy se rasgan las vestiduras puedan reconocer que a lo largo de la historia se han cometido graves injusticias en nombre de la tradición. Que sepamos pedir perdón a tiempo.

(Columna publicada el día 8 de Enero de 2010 en el periódico El Norte, de Monterrey, N.L)

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Una respuesta to “¡Que viva los novios!”

  1. 0mar enero 9, 2010 a 5:54 pm #

    Estimada Jimena: Comentemos sobre tu articulo del viernes 7 de enero titulado “Vivan los novios”.

    Soy un hombre abierto a entender desde creencias religiosas diversas (católicas, protestantes, budistas etc. ) , pasando por preferencias sexuales (las cuales considero muy personales ) y hasta adicciones deportivas , en este ultimo caso me considero de los pocos en Monterrey que pueden disfrutar de un partido tanto de rayados como de tigres, esto ultimo parecerá intrascendental lo difícil en realidad es poder sustraerse al bombardeo mediático para lograr algo tan sencillo como disfrutar de un espectáculo.

    Pero entrando en materia el movimiento gay me parece que ha pasado de un movimiento de defensa a uno de ataque, hoy son como el hermanito que quiere el juguete que trae su hermano aunque el tenga el suyo.

    Tan fácil seria cambiar el nombre de matrimonio gay por el de unión gay o algo parecido, y respetar la institución que los heterosexuales mantienen como suya por haberla fundado o cofundado o lo que sea.

    Pero al parecer tiene mas importancia destruirles su juguetito a los heterosexuales y a los de derecha que lograr avances que facilite la vida a los gays

    El temor de los heterosexuales no carece de fundamento ya que hoy por hoy la difusión de que ser gay es algo normal ( cuestión que no se trata en esta ocasión )y hasta motivo de orgullo llega fácilmente a los jóvenes de 12, 13, 14, 15…….años , la difusión en medios tiene la finalidad de evitar la discriminación hacia lo gay , pero en realidad esta funcionando como promoción, esta llega al joven en los momentos que esta por definir muchas cosas en su vida , entre ellas su sexualidad, si juntamos esto con la desatención de los padres por la vida acelerada para alcanzar las metas económicas o en la mayoría de las veces solo sobrevivir, esta produciendo un gran aumento en las inclinaciones gay de los jóvenes.

    Todo esto sin olvidar el gran poder que el Internet ejerce hoy sobre los jóvenes y de la cual se sirven pedófilos para llegar a ellos.

    Hoy por hoy existen muchos padres que consideran que la vida les ha dado una puñalada al conocer las inclinaciones gay de sus hijos menores de edad.

    Los artículos como el tuyo y de otros periodistas que pretenden evitar la discriminación, sirven de promoción de la forma de vida gay en las mentes en formación de jóvenes.

    En cuanto a la iglesia ( que no es santa de mi devoción ) me llama la atención que la descalifiquen por gente como Norberto Rivera cuyo pecado es ser un higadito y que se mencione también la pedofilia y todas las demás lacras que caben en una institución tan grande , pero se les olvide mencionar los grandes hombres y mujeres que también a producido , la madre Teresa, Juan Pablo Segundo y mas cerca de nosotros el Padre Infante y tantos hombres y mujeres que trabajan a diario por el bien de sus hermanos esto sin ser famosos o producir escándalos pero hacen falta molinos de viento para pelear, todos sabemos que atacar a el gobierno y/o a la iglesia viste al periodista.

    En fin hace tiempo que la gente comenta que el movimiento gay paso de la defensa al ataque, cosa que seria muy humana como es la naturaleza de los gays.

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