Mi casa en la playa

11 Dic

“Ya no lo pienses, construye tu casa en la playa”, reza la publicidad del Fondo Nacional de Fomento al Turismo que ofrece terrenos en las playas mexicanas desde 450 pesos el metro cuadrado.

Enfoco bien porque no puedo creerlo. El anuncio presenta una panorámica apacible y soleada de una playa con una casita sobre la arena, trazada con frases como: “Saber que cuento con un hogar así”, “Me encantaría escaparme de todo”, “Tener una casa cerca del mar”. La publicidad cierra con: “En Fonatur te llevamos de la mano para conseguirlo”.

En su versión multimedia, edificios, casas e industrias son trazados a unos cuantos metros del mar mientras una voz en off anuncia, victoriosa: “Hemos creado posibilidades en donde parece que no hay nada”. Pero, un momento, ¿qué diablos hace el Gobierno comportándose como un agente de bienes raíces? ¿Es válido como opinión de un gobierno despreciar el valor de las playas vírgenes? Frente al anuncio me sentí burlada, como quien descubre que alguien más, sin autorización, decidió ofertar en “avisos de ocasión” la casa de la abuela, espacio en el que todos entrábamos, último referente de la propiedad familiar.

Entre el año 2000 y el 2007, Fonatur había rematado 15 millones de metros cuadrados de playas, principalmente en la costa del Pacífico. Quien fuera titular de la dependencia durante el sexenio de Vicente Fox, John McCarthy, hoy es prófugo de la justicia, acusado de vender ilegalmente 255 hectáreas en Cabo Cortés, en Baja California, aunque no es el único proceso penal que tendría que enfrentar. En Cancún también tiene una acusación por vender terrenos sin autorización de sus legítimos dueños.

Sin embargo, en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados del 12 de marzo de 2009, se desecha la iniciativa de crear una subcomisión que investigue las operaciones realizadas por McCarthy.

Actualmente, Fonatur es dirigida por Miguel Ángel Gómez Mont, en cuyo currículo no hay un solo referente en el sector turístico, en cambio, lleva toda la vida construyendo casas y dirigiendo organismos y empresas de la industria de la construcción. El perfil de su titular nos puede dar razón de por qué aparece en periódicos de circulación nacional un anuncio en que nos convoca a comprar una casita en la playa. ¿Esto es fomentar el turismo?

Greenpeace lleva denunciando el hostigamiento y las amenazas de que son objeto los ejidatarios de la costa que aún no aceptan ceder sus tierras a Fonatur. Incluso, la dependencia ha llegado a denunciar a comuneros de invasión, aun cuando puedan acreditar la propiedad de sus ejidos. La organización ecologista también denuncia el irrisorio precio que terminan aceptando los ejidatarios y la depredación indiscriminada en los ecosistemas marinos y costeros que ha sido provocada por la rapacidad de Fonatur, que sin el menor escrúpulo vende playas al mejor postor.

Lo más perverso de esta historia es que quienes acaban construyendo esa casita divina a orillas del mar no se enteran de lo que ocurrió antes de su felicidad. No saben -y la mayoría no querrá saberlo- cuánto recibió el comunero por su paraíso, ni cómo fue presionado a venderlo. Al preferir ignorar esta realidad, retiran tras de sí los puentes que nos comunicaban como comunidad. “En la medida en que esta cosmovisión se sostenga”, la de no cuestionar el origen de nuestros privilegios, “y se convierta en el canon de la virtud pública, no puede aceptarse el principio comunitario de compartir… retirando tras de sí los puentes que cruzaron sus padres”. Esto lo dice Zygmunt Bauman, en su ensayo “Comunidad” (editorial Siglo XXI, 2006).

Al escribir sobre este caso, que los regiomontanos podríamos sentir cómodamente lejano, no dejo de pensar en esos desarrolladores norteños que, según el titular de Semarnat, Juan Elvira Quesada, muestran “voracidad por las tierras” al construir y mudarse a reservas protegidas, patrimonio del pueblo.

Una sociedad desarticulada queda vulnerable ante las ocurrencias de las autoridades. Pero, ¿quién de nosotros renunciaría a su casa en la playa para alzar un puente?

ximenaperedo@yahoo.com.mx


(Columna publicada en el periódico El Norte, el viernes 11 de Diciembre de 2009)

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