Pueblo bicicletero

4 Dic

Pensándolo bien, ¿cuál es el problema de los pueblos bicicleteros? Aunque por muchos años fueron tachados como la deshonra familiar y los machos modernizadores fueron capaces de retar a trompadas a cualquier extranjero que se atreviera a decir que México era eso, un pueblucho sin el progreso de la velocidad motorizada, el día de hoy, mientras las obesas ciudades enferman y se colapsan, las comunidades sustentables se yerguen como los últimos referentes a los que recurrir. Tal vez nos equivocamos al bajarnos de las bicicletas.

El progreso dejó de ser un concepto intangible para materializarse en la carrocería metálica y brillante de un automóvil. Tener un carrito, por más sencillo que fuera, nos abría las puertas de la modernidad, lo que sea que eso significara. La campaña fue tan efectiva que las tiendas se quedaban sin autos qué ofrecer. Así, los vehículos motorizados se multiplicaron hasta convertirse en los amos de la ciudad. Ahora gobiernos y los legisladores trabajan para los señores de Nissan, Ford, Chevrolet, Toyota, Ibiza, Honda.

Los niños dejaron de salir a jugar con sus vecinos. La calle cambió su vocación. Lo que antes fue el espacio ideal para sacar las mecedoras a recoger el día, ahora es un gigantesco y serpenteante estacionamiento. Las banquetas fueron devoradas por los exigentes automóviles, los presupuestos públicos inclinaron sus cabezas hasta tocar el caucho de sus llantas. Los peatones y ciclistas se volvieron seres marginales, parientes incómodos de la moderna familia mexicana.

A la Ciudad se le conoce siendo peatón o ciclista. Decir que amamos el terruño cuando ni siquiera rozan nuestros pies su pavimento, ni se mojan nuestros zapatos en sus charcos es profesarle un amor falso, como el de los amantes que no se tocan.

El uso excesivo del automóvil ha debilitado el arraigo que alguna vez tuvo la comunidad por sus plazas y sus hermosas calzadas. “Demasiados autos matan al auto y a la ciudad”, advierte la Asociación Internacional de Transporte Público.

Estando convencida, como lo estoy, de la importancia de utilizar el automóvil lo menos posible, no sólo por lo contaminante que es, sino por lo inútil que resulta en horas pico, decidí mudarme a otros medios de transporte. La experiencia ha sido frustrante cuando me topo de frente con la indiferencia de las autoridades acostumbradas a despreciar a los usuarios del transporte público.

En esta Ciudad el trazo de las rutas camioneras pertenece a la tradición oral, por ejemplo. La Agencia Estatal del Transporte guarda este secreto con suma confidencialidad, compartiéndolo únicamente con ¡usuarios de internet! Cuando me encuentro extraviada sin saber qué ruta tomar para llegar a mi destino, me pregunto seriamente ¿a qué se dedica la Agencia?, ¿a calcular la próxima alza a las tarifas? Porque mientras el transporte urbano sigue presentando los mismos vicios de siempre -la renovación de las unidades era una obligación marcada por la Ley- las tarifas se acercan a los 10 pesos por viaje.

Además de los obreros y trabajadores que utilizan la bicicleta en sus jornadas diarias, un grupo cada vez más amplio de ciudadanos convocan a aceitar la vieja “rila” para ponerla a rodar de nuevo. Como en Guadalajara y en el DF, aquí en Monterrey comienza a circular un nuevo paradigma urbano: movernos con nuestra propia energía a la velocidad de nuestro esfuerzo, ni más ni menos. Motivado por esta sencilla idea, el grupo Pueblo Bicicletero organiza rutas por la Ciudad una vez al mes saliendo de la plaza del Colegio Civil.

Las crisis nos empujan a desear transformaciones. Implementando algunos cambios nada onerosos y sencillos podríamos ir relajando el rostro de la Ciudad. Los ciclistas deberíamos de poder viajar en Metro y en camión con nuestras bicicletas. Instalando racks a estos dos transportes públicos, los usuarios ahorraríamos tiempo y dinero. Al reservar ciclovías dentro del trazo urbano -no en parques, sino en calles y avenidas- los gobiernos apostarían, sin reveses, por la movilidad urbana sustentable.

Pero no esperemos a que el Gobierno haga su parte, comencemos a pedalear.

(Columna publicada el viernes 4 de Diciembre de 2009 en el periódico El Norte).

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2 comentarios to “Pueblo bicicletero”

  1. Miguel diciembre 6, 2009 a 1:08 am #

    Deberian de hacer carril de bicis las vias del tren,,,

  2. Juan Solis diciembre 7, 2009 a 11:59 pm #

    En algunas estaciones existen desde hace años espacios para dejar la bicicleta y continuar el trayecto en el Metro, pocos lo utilizan.

    Es demasiado peligroso andar en bicicleta por las calles de Monterrey y su área metropolitana. Quizá en unos cincuenta años cambie la cultura del conductor de autos quienes se suben hasta las banquetas y se pasan altos atropellando a la gente. Monterrey primer lugar en accidentes viales.

    Existe un espacio para el Metro Bús pero los automovilistas no lo respetan, y menos respetarían al bicicletero.

    Deja que pasen algunas generaciones y la gente lo quizá entienda este concepto de primer mundo. Aquí estamos en el quinto, no en el tercermundismo.

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