La sed de mis caballos

4 Ago

Mi hermana y yo vamos en un automóvil, ella conduce. Estamos en la avenida Lázaro Cárdenas buscando el túnel de la Loma Larga, ella dice que está hacia atrás, yo hacía adelante. En medio de la discusión nos encontramos en el carril de enfrente a un caballo joven con un trote débil, dando tumbos incluso, que va siguiendo a un caballo adulto, que lleva amarrado un mecate roto al cuello y que se sale constantemente del carril, éste incluso trastabilla y cae al piso. Los caballos son negros y hermosos. Tienen sed, están deshidratándose, pienso, mientras le pido a mi hermana que se orille. Tengo que hacer algo pero no sé qué, lo instantáneo es pensar en llevarles agua, así que entro a una tienda de conveniencia y me dirijo a la dependiente que está en una esquina rodeada de clientes, sobre su cabeza un tubo chorrea agua que cae a una palangana. Le digo, tan amable como puedo, que dos caballos están agonizando en la avenida y que necesitan agua, que si puedo tomar el agua de su palangana que regresaré a la brevedad. Ella me dice que sí, pero que sólo tendría que pagar el agua. Vuelvo a explicarle mi idea, pero ella me asegura, señalando unas botellas de litro y medio de bonafont, que debo pagar por el agua. Incluso me dice que serían 200 pesos. Desesperada, la miro fijamente a los ojos y le digo: te estoy hablando de ser humano a ser humano, por favor, ayúdame. Pero ella vuelve a repetir aquello de que como le digo, usted tendría que pagar el agua. Entro en una crisis y la acuso de mezquina, grito quién sabe cuántas cosas más; los clientes me miran confundidos, como si estuviera apestada, como si fuera yo extremadamente conflictiva y de sistema nervioso frágil. Salgo al borde del llano, me golpeo con la puerta al querer abrirla de un manotazo. Afuera de la tienda recuerdo que los caballos morirán pronto. Me brotan las lágrimas de desesperación porque en la defensa de la vida no he reaccionado bien, debía haber negociado mejor, debí haber pedido dinero prestado –yo no traía un clavo-, debí haber robado el agua en el peor de los casos, pero nunca salir sin una solución. Busco en mi celular algún contacto en quien me pueda apoyar en esa emergencia, pienso en un diputado local y trato de marcarle, pero el sonido de una grabadora me indica que por no pagar a tiempo la cuenta de mi teléfono, mi servicio está cancelado. Despierto envuelta en calor, con las mejillas encendidas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: