El dios desmadre

2 Ago

Hay una fuerza implacable que me ha acompañado desde niña: el desorden. Tal vez no lo parezca, o haya aprendido bien a disimularlo, pero soy bastante caótica. Mi mamá, sobre todos, luchó estoicamente por hacerme entrar en razón. Intentó de todo, pero a mi nunca se me pegó aquello de “la utilidad del orden”, y de “lo bonito que es encontrar las cosas listas para usarlas”. Yo soy esa que tiene que planchar en el momento las cosas, la que tiene que medio bolear sus zapatos, la que deja los cajones y gavetas abiertas. Los papeles se acumulan, las cosas se salen de su sitio, siempre hace falta una de las chanclas. Las uñas me crecen, las cejas recuperan su territorio, el desmadre se me impone. Cuando la suegra viene a la casa es cuando todo esto se me manifiesta. Nunca antes la casa había estado tan desastrosa como cuando ella nos visita. Entonces caigo de nuevo en cuenta. Digo que no puedo. Que la cabeza no me da. Que olvido en el instante a dónde iba con aquello, para qué traje esto, ¿qué diablos hace un trapo aquí? Creo que las personas ordenadas tienen un don que a otros se nos negó. Los admiro. Me gusta observarlos e intento imitarlos pero en los primeros quince minutos algo más importante que el orden me atraviesa como flecha y sucumbo ante la seducción del dios desmadre.  Digan, ¿tengo salvación?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: