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La paradoja de la política

5 may

Cortesía del periódico El Santacatarinense.

Dice César Cansino que la ciencia política ha muerto. Que quienes se hacen nombrar “políticos” han perdido el rumbo, que la ambición los devora, que “la política” es una máquina contra el ser humano. Yo concuerdo. Diría que la democracia se está construyendo a pesar de estos personajes. El 31 de Marzo de 2010 estos hombres y mujeres otorgaron en nuestro nombre la concesión por 60 años de 25 hectáreas de espacio público a FEMSA.  No han podido explicar por qué el estadio del Club Rayados es de interés público, pero eso no pareció  importar a los 36 diputadxs que aprobaron  la concesión. Para nosotros todos ellos han muerto políticamente.  Nunca olvidaremos lo que hicieron con el patrimonio público.

Alfonso Robledo, sin embargo, recién ganó un espacio en el Consejo Estatal panista. Mientras la ciudadanía lo castiga, su partido lo premia. De la misma forma da vergüenza ajena ver cómo algunos panistas aprovechan la muerte de las cinco personas en la Expo para sacar raja política y acusar a la alcaldesa. Han hecho un póster del que se regodean quienes quieren ser alcalades de Guadalupe. Se rasgan las vestuduras frente a Ivonne, olvidando el crimen que ellos mismos cometieron contra la democracia, la convivencia y el espacio público.  Estos neo panistas gritan indignados, ¡2 de Mayo no se olvida! Pero es tan difícil creer en la indignación de quien ha sido ya devorado por el mismo sistema que, paradójicamente, propició estas cinco lamentables muertes.

Sobre la función de ayer (bitácora de una activista)

1 abr

para la incansable Denise Alamillo

Es difícil reseñar una función que duró más de 12 horas y que tuvo tantos picos y nudos en su desarrollo, pero lo intentaré.  Pero antes de eso, un preámbulo: la ciudadanía durante todo el acto, tuvo una posición de dignidad ante los tratos humillantes que recibió. En la repartición de papales le tocó interpretar el más difícil, el que es amenazado con la expulsión si no sonríe al tragar mierda. La política reclama que después del garrote demos las gracias, pero los miembros del Colectivo Ciudadano en Defensa de la Pastora que estuvimos ahí terminamos por vomitar ante el platillo que nos ofrecían.

10:30 am. El Colectivo se comienza a reunir en el hasta bandera del atrio del Congreso. De nuevo, éramos más de 50 personas. Cada uno tomó el nombre de algún diputado al que le haríamos marcaje personal. A mí me tocó “Tomás Montoya, del PRI”; de pronto, espontáneamente empezamos a gritar el nombre del diputado que nos tocó, y el resto contestaba “¡marcaje personal!”. Fue un momento lindo. De esos instantes privilegiados que viven los grupos organizados, que se respetan y se admiran mutuamente.

Dadas las 11 am. nos formamos en un fila para entrar el recinto. Sin novedades en la entrada: todos pasamos (esto es producto de varias luchas anteriores con el personal de seguridad del Congreso). En galera nos dimos cuenta que aún no había butacas, que los clavos seguían expuestos (del Colectivo a varios compañeros se les rompieron los zapatos) y que el barandal del lado derecho, que ocupábamos, estaba bloqueado por los respaldos  apilados de las butacas. Así que ni asomarnos a los leones podíamos. En la sesión la diputada del PRI Sonia González y el diputado Homar Almaguer del PT dirigieron dos discursos ambientales, hablaron de la importancia de los árboles y de los bosques. Los del Colectivo no dábamos crédito de la hipocresía con que se atrevían a enarbolar la causa ambiental cuando que horas después apoyarían la pérdida de 25 hectáreas de espacio verde. Pero en fin, aquí la nota se la llevó uno de nuestros compañeros que a Almaguer le gritó: “¡Duendecillo del bosque!”, la verdad es que esta puntada me hizo reír con ganas, pues la tensión era mucha y la frase era contundente pero respetuosa. Gracias a que comenzamos grabar con nuestras cámaras las condiciones físicas de la galera y a que una compañera se dedicó a marcar cada uno de los clavos para protección del resto, la Coordinación de Seguridad levantó dos horas después los muebles que invadían el espacio de la ciudadanía y sobre los clavos colocaron una cinta amarilla. Después de dedicarse a leer dictámenes por más de cuatro horas, sin que al menos dos diputadxs al mismo tiempo estuvieran poniendo atención, y viendo a la Secretaria de la Mesa Directiva, luchar contra el efecto de las soporíferas palabras de los oradores, nos decidimos bajar a investigar qué estaba pasando. Fuimos a las Previas del PAN, Héctor Camero, Nacho Zapata, Claudio Tapia y yo. Por fortuna dentro de la sala encontramos al diputado Alfonso Robledo, quien en todo momento se manifestó en contra de que el estadio se construyera en la Pastora.  Sin embargo, al preguntarle sobre la posibilidad de que la votación se realizara ayer mismo, noté que Robledo debilitaba su postura. Lo confronté cuando dijo que su postura siempre había sido un sí condicionado. Le recordé que su principal condición era que el estadio se construyera en otra parte, a lo que era verdad.  Como testigos panistas estaba su Coordinador de Medios y el Diputado Víctor Fuentes, sonriente en todo momento. Les dije, “no nos vayan a jugar el dedo en la boca, diputados”, traté de desenmascararlos con preguntas, pero Robledo no soltó prenda. No se atrevió a confesar que ya había aceptado pactar y aprobar el estadio. No pudo por vergüenza o por cinismo, eso nunca lo sabremos. Salimos de previas confundidos. Algunos decían que estaba confesando, yo no quise creer esto.

Al pie del cañón

Regresamos con los compañeros que permanecían en galera. Ya nuestros rostros estaban cansados, no habíamos comido, y resulta muy desgastante –emocionalmente- asimilar lo que uno observa en el Congreso. Es un golpe moral fuerte que sólo entendemos si asistimos a una sesión. Es una cubetada helada de realidad: es ver al País secuestrado por los partidos-empresas-mafias. Estos son otro tipo de cárteles, contra los que pocos alzamos la voz.

Hicimos roles de vigilias. Algunos compañeros regresaron a sus casas a descansar, otros fuimos a comer y otro grupo se quedó observando, a la espera de ser reemplazados. En ese lapso, mientras comíamos apresuradamente unas tostadas de ceviche del Vita-Mar, fue que el honorable congreso decidió darse una pausa y llamar a receso. Esto sirvió para que los compañeros que habían permanecido en Congreso salieran a comer unos tristes sándwiches del Seven. Nos encontramos de vuelta en galería. Nos entretuvimos de diferentes maneras mientras esperábamos novedades legislativas. Yo me dediqué a entrevistarlos con una cámara de video. Les preguntaba ¿Qué significa para ellxs esté lugar –el Congreso? y ¿qué opinión tenían de los diputadxs? Las respuestas pronto las editaré para compartir el video, pero este ejercicio me hizo recuperar la energía. Escuchar la lucidez de cada uno de los compañeros levanta muertos.  Al escucharlos confirmé mi credo.

Horas después nos enteramos de que las comisiones por fin sesionarían para votar el dictamen. Décimo piso, sala Fray Servando Teresa de Miel (y el libertario cura revolcándose en su tumba), una comisión del grupo subió. Nos detuvieron en la puerta. El personal de seguridad nos dijo que entraríamos una vez comenzada la sesión, esperamos. Mientras tanto entraban a la sala un montón de personas, desde prensa hasta asesores, secretarias, diputados. A los legisladores les decíamos que no nos dejaban pasar, ellos nos contestaban alzando los hombros. El día anterior, en sesión del pleno y a propuesta del prisita Héctor Morales, se aprobó que la reunión de comisiones fuera secreta, a espaldas de la ciudadanía. Esto lo aprobaron también los panistas, vale la pena señalarlo. Sin embargo, en la propuesta de Morales se especificó que una comisión de ciudadanos pasaría a la sesión, situación que nos fue negada. Por más que insitíamos a los diputados que ingresaban a la sala que no participaran en una sesión que prohibía el paso a la ciudadanía, éstos terminaron ignorándonos. Por eso nos quedamos afuera de la sala, viendo cómo entraban otras personas y cómo algunos salían para tomar aire pues la atiborrada sala se convirtió en una cueva infernal, de la que la gente salía empapada en sudor. Al terminar la sesión, que duró poco más de una hora, reclamamos a los diputados el habernos dejado a fuera. Les llamamos traidores, pero ninguno contestó. Algunos salían con la mirada al piso. El dictamen había sido aprobado por unanimidad.

La sesión del pleno se reinstalaría, así que bajamos tan rápido como pudimos para tomar nuestro lugar en galería. Nuestra sorpresa fue que de nuevo los elementos de seguridad del Congreso, ahora acompañados de policías estatales, nos negaban la entrada. ¡No lo podía creer! En ese punto estaba yo en todos los sentidos desgastada. Mi rostro estaba desencajado y mis palabras se habían escondido dentro de mi. No podía hablar ya. Me sentía lacia, como diría mi abuela. La ira me invadió completamente, por eso me cerraba todos mis escapes: no hables, Ximena, me decía. Temía desbordarme en lágrimas y contagiar al grupo de mi desolación. Fue entonces que algunos diputados entraron por la misma puerta que se nos cerraba a nosotros. Los compañerxs les decían: “¡No nos dejan entrar!”, pero ellos parecían congratularse con nuestra situación. Adentro, en el lobby algunos compañeros nos veían y gritaban: “¡Déjenlos pasar! ¡déjenlos pasar!”. Viendo a uno de los compañeros que estaban adentro tuve unas incontenibles ganas de llorar como viuda. Sergio es un padre de familia ejemplar, tiene tres hijos, es vecino de Guadalupe, cargaba su maletín del trabajo con una mano, y bajo el brazo llevaba algunas pancartas nuestras enrolladas. Me conmovió profundamente su imagen. La imagen nuestra, la de los ciudadanos luchones, la de los papás preocupados por el futuro de sus hijos. A él  y a su esposa Malena los admiro de corazón: llevan a sus hijos a las juntas y a las marchas, forman en ellos el sentido de comunidad. En fin, todo eso pensaba viendo a este compañero. A punto de ponerme a chillar de la desesperación por el castigo que recibíamos por disentir dignamente, llegó un compañero, Uriel, otro ciclista urbano, que nada más de verme el rostro decidió abrazarme con un brazo, un apapacho de compañeros, de camaradas, sin decir palabra lo dijo todo.

Uno de los diputados que suponemos sintió más culpa por haber aprobado el dictamen y luego el decreto, fue Víctor Fuentes, el sonriente. Tal vez por culpa fue que se comprometió con nosotros a liberar nuestra entrada. Lylia le aclaró que ella nunca había creído en é pero que había otras personas, señalándome, que estaban claramente desilusionadas de él. Fuentes, cínico, me miró: “pero si ella no me conoce”, esto valió para que le contestara: “exactamente, ahora ya lo conozco”. Sonrió, qué más. Al poco rato volvió con la buena nueva de que, gracias a sus gestiones, podíamos pasar. Salió a decir esto esperando una estrellita en la frente pues seguro está acostumbrado a tratar con ciudadanos que no conocen sus derechos y por eso agradecen cuando hay justicia. Víctor Fuentes me llama por mi nombre desde la puerta abierta: “Ximena, ¿quieres pasar?”, yo me le quedo viendo, él repite: “¿Quieres pasar o no?”, nos acercamos a la puerta para entrar, pero le digo: “Pasar es nuestro derecho, no una concesión suya, no tenemos nada qué agradecerle”. Fuentes pone cara  de Uuuuuta, con nada les doy gusto, ingratos.

Nos reunimos con nuestros compañeros, que nos dan la bienvenida. Pasamos a galería. Somos más de treinta personas. Son las nueve de la noche. Estamos por cumplir 12 horas en Congreso. Miércoles santo, para los católicos, oscuridad en la calle: la gente de vacaciones, los diputados sesionando, hay razones para sospechar. En ese entonces ya todos sabíamos que el PAN aprobaría el decreto, sólo la perredista María de los Ángeles mantenía su postura ante el despojo del patrimonio público. La sesión se reinicia. Nosotros decidimos tapar nuestra boca con cinta sobre la cual escribimos: “¡Traidores!”, “¡Ecocidas!”, “¡Mentirosos!”. Teníamos la idea de no hablar, de no gritar, de no desmoronarnos frente a ellos., de repudiarlos en silencio. Así fue que mantuvimos un silencio sepulcral –nunca mejor dicho- mientras escuchábamos como cuatro diputados priistas daban lectura durante más de hora y media al dictamen. Algo histórico fue que como parte del dictamen se da lectura también a los resúmenes de los documentos que ingresó la ciudadanía al expediente. Leyeron nuestros argumentos y los de otros grupos ciudadanos organizados. Se escucharon nuestros argumentos. En la tribuna se escuchó por qué resistíamos a la entrega de patrimonio público a manos privadas, se habló de otros lugares, de la defensa de los espacios públicos, de la ausencia de utilidad pública del proyecto, de la posibilidad de regenerar un bosque en esas 25 hectáreas, de la posibilidad de construir ahí un vivero, la universidad del desarrollo sustentable, la siempre de hortalizas y huertos, en fin. Fue un logro ciudadano el haber participado en el debate con argumentos sólidos y propuestas. Nosotros cumplimos cabalmente. Héctor Morales fue quien leyó la última parte del dictamen. En seguida vendrían participaciones a favor y en contra y luego la votación.

La primera en hablar fue la diputada perredista, esposa del líder del partido en el estado, un hombre al que los mismos perredistas repudian por sus prácticas caciquiles en García. María de los Ángeles Herrera leyó un discurso que aglutinaba muchos argumentos válidos para rechazar el proyecto en la Pastora. Lo hizo bien, tal vez causó alguna comezón en los panistas y el petista, pero no en el PRI, mucho menos en Juan Carlos Holguín, único diputado del partido Verde quien, timorato como pocos, decidió no entrar a la sesión, aunque en muchas ocasiones se comprometió a votar en contra. Al terminar Herrera, pidió la palabra Alfonso Robledo del PAN, al saber ya que había traicionado su postura los miembros del Colectivo decidimos darle la espalda, en un acto simbólico de reciprocidad, como repudio al diputado que se cambia al bando contrario a los argumentos. Personalmente la pérdida de Alfonso me duele. Sin creer en los partidos, creí en él como persona, en él y en Hernán Salinas, líder de la bancada panista. Pensé que eran diputados excepcionales, pero me hago responsable de mi error. Robledo se levantó a dirigir un mensaje francamente patético. Lo digo con conocimiento del adjetivo. “Vengo a defender a mi partido”, comenzó. Aludió a la “dictadura de la mayoría” , dijo que teniéndola perdida prefirieron modificar un dictamen que como quiera se aprobaría. Pragmático, pensarían algunos. Pero el ave se fue en picada cuando mencionó estas modificaciones, que comprendían los rondines de una patrulla por la zona para alejar a “los rateros”, ¡Vaya, por Dios! ¡Ese si que es oficio legislativo, Robledo! ¡El PAN nadando en sus propias tibiezas! No me aguanté y grité a todo pulmón: “¡La seguridad es un derecho, no una concesión!”, en tribuna Alfonso Robledo me contestó: “Si,ta bueno”. Nadie pudo seguir guardando su indignación atrás de una cinta, la mayoría comenzamos a gritarle, sobre todo los vecinos, timados, defraudados por su representante. El Presidente de la Mesa hizo leer a la Secretaria el artículo del reglamento interior del Congreso que exigía a los asistentes guardar el decoro so posibilidad de expulsión. Nuestro compañero David, contestó señalando a todos los diputados presentes: “¡pues aquí está lleno de criminales!”, “¡Entonces no hay quórum!”, gritó alguien más. Todas nuestras palabras caían sobre los hombros de los diputados y diputadas. En el mejor de los casos generaban en ellos vergüenza.

Después habló de nuevo la diputada, con argumentos similares a los antes dichos. Terminó César Garza, del PRI, vocero de Héctor Gutiérrez ,“Mon père”, quien luciendo la retórica típica del líder sindical gritó voz en pecho y casi desgarrando su garganta, al borde del llano, que él amaba a la Pastora, que había trabajado en la fuente de snack del parque, que se sentía orgulloso de apoyar el estadio que disfrutarían sus hijos. El PRI, la putrefacción política de quien mancha las palabras, de quien sonríe y baila tragando mierda. El PRI es un recordatorio permanente de lo que podemos llegar a ser si aprendemos a pactar y a doblar nuestra conciencia.

El Presidente de la Mesa Directiva volvió a amenazarnos con la expulsión. El Coordinador de Seguridad, Fernando Pérez, estaba atrás de nosotros. Yo le pedía de favor que se moviera de mi espalda, que me incomodaba, que se hiciera a los lados. Mientras tanto, tuve una discusión con algunos perredistas que subieran a galería a colgar una manta sobre el espacio que estábamos ocupando. Le pedí de favor que se movieran, que no se colgaran en un movimiento ciudadano apartidista, pero los chicos se negaron. Así fue que bajamos a hablar con el coordinador de pensa, quien nos ignoró. Al subir volvimos a pedirles que se retiraran pero  la persona que recibía llamadas que lo hacían gritar consignas me dijo que teníamos las miras muy cortas y que cuánto me pagaban por reventar el movimiento. Me dio risa su pregunta, me pareció una proyección clara de la conciencia de mi interlocutor. Pero no me molesté si quiera en discutir el punto. Simplemente me alejé.

Héctor Gutiérrez de la Garza, pastor del rebaño, propuso al pleno la votación nominal, es decir, que cada uno de los diputados se pusiera de pie para dar su nombre y el sentido de su voto. El gesto fue una probadita de su poder. Obligó a los panistas que tenían la cola entre las patas a que se levantaran frente a nosotros a traicionarnos. El PRI quería verlos así, sumidos, humillados. El espectáculo fue desastroso. Un suicidio en grupo. Los panistas besaron la mano de Gutiérrez de la Garza para luego con la voz muerta decir: “A favor”. Pero a los panistas se les salió un diputado de control: Arturo Benavides, quien con María de los Ángeles, votó en contra, rompiendo el poder del bloque. Evidenciando la cobardía del resto.

Cuando la Secretaria leyó los resultados, con sólo dos votos en contra y una abstención del timorato Homar Almaguer del PT, los priístas se pusieron de pie, a aplaudir. Ese momento pagó todo el esfuerzo de los meses anteriores de lobbying legistlativo, de citas, de esperas, de debates, de manifestaciones, de días largos de trabajo ciudadano, de juntas… mientras el PRI lucía ganador, los panistas se sumían en sus sillas. “¡Aplaudan!”, los instábamos, “¡Únanse a la fiesta del PRI!”, “¿Por qué no festejan?”, pero los panistas se mantenían impávidos en sus asientos. Sin mover si quiera la cabeza.

De camino al Nuevo Brasil, en donde cenamos y brindamos por la ciudadanía que lucha con una cerveza victoria, pensábamos en la política. En la carrera de todas las personas, hay un punto en el camino que se bifurca: formas parte de la corrupción, o no. La corrupción no es sólo recibir dinero, es violentar los principios, es apalear a la conciencia, es obedecer ciegamente, es rajarse por dentro a cambio de favores, es ceder a presiones y también es recibir dinero. Yo, cruzando la Explanda de los Héroes, me dolía con los amigos del duelo personal en el que me encontraba por haber creído en Hernán y en Alfonso. Sentía pena por ellos.

En la cena recuperamos los mejores momentos de la jornada, nos reímos, evaluamos. Nuestro objetivo nunca fue que el Congreso se negara a entregar a FEMSA las 25 hectáreas de espacio público, si así hubiera sido hoy estaríamos todos metidos en cama, envenenados de ira y de frustración. Nuestro objetivo es construir ciudadanía, generar reflexiones, debatir con la élite política, mejorar nuestras prácticas de convievencia social, llamar a cuentas a los representantes, dignificar a la ciudadanía como soberana. Por eso ayer nos sentimos vencedores, por eso ayer dormimos como lirones.

Y, ¿los diputados?, ¿qué tal durmieron?

Sobre los diputados

31 mar

El día de hoy, martes 30 de Marzo, asistimos al Congreso un grupo de más de cincuenta personas con la preocupación de que se probara la cesión en comodato de 25 hectáreas de espacio público a la empresa FEMSA.  Estábamos saludándonos apenas cuando vimos pasar al Profesor Jorge Santiago Alanís, del partido Nueva Alianza. Alguien entre nosotros decidió ir a saludarlo, por eso otros más nos acercamos. Entonces fue que le pregunté por qué había permanecido en la “consulta pública” realizada en el Municipio de Guadalupe. Una consulta pública amañada, subrayé, en la que se llevan acarreados y se realizan propaganda abierta al proyecto. En ese momento, el profesor me acusó de faltarle al respeto, cosa que en realidad me sorprendió porque pensé que estábamos –todos- disfrutando la plática. Le pregunté que a qué falta de respeto se refería y me contesto muy orondo que a mi señalamiento de haber permanecido en la consulta. ¡Pero! ¡Eso no es ninguna grosería!, contesté, pero él ya estaba muy molesto. Ya no quería hablar con nosotros, incluso se retiró ante el asombro de todos. Llamarlos a cuentas, entendimos después, es una falta de respeto.

Le ofende que lo llamen a cuentas

Antes de entrar al recinto,  el director de Seguridad, don Fernando Pérez, nos dijo que por remodelaciones en la galera no cabíamos todos. ¿Casualidad? Justo el día en el que inician sesiones, falta la mitad de las butacas para los ciudadanos.  Una comitiva de integrantes del Colectivo subió a ver cuántos espacios habían disponibles. Regresaron con el reporte de que habían más de 70 butacas. Así fue decidimos entrar. Cabe señalar que en otras ocasiones nos han negado la entrada, sin embargo, gracias a todo un proceso de denuncia ciudadana de actos hostiles se ha conseguido cierta apertura de parte de los elementos de seguridad en el Congreso. Así fue que entramos. La sesión comenzó. Observar a los diputados desde galera es un espectáculo bastante triste. Juegan, chacotean, platican, hacen bulla, nadie está poniendo atención al orador. Levantan su mano automáticamente. No hay oficio legislativo. Es vergonzoso. En determinado momento decidimos reunirnos todos para mostrar a la prensa que cada uno de nosotros traía una hoja con el nombre de uno de los diputados, en total 42. ¡Marcaje personal! Se leía en una pancarta. Las desafortunadas decisiones de Don Fernando generaron un alboroto provocado sólo y exclusivamente por él, quien se negó a que todos los integrantes del colectivo nos reuniéramos del lado derecho de la galera. Así fue como levantando la voz logramos denunciar esta conducta, y por ello se desistió. Esperamos a que terminara una votación para, antes de continuar con el siguiente punto del día de la sesión, gritar: ¡Marcaje personal!, por tres veces.  Esto nos valió ser amonestados por el Presidente de la mesa. Minutos después, nos retiramos.

En nuestra ausencia, el diputado Héctor Morales, del PRI, propuso que las reuniones de comisiones en las que se estudie y delibere el dictamen de comodato se realizaran sin la presencia de ciudadanos para garantizar el orden. La votación la ganaron por mayoría.

Fue por eso que el día de hoy, que volvimos a las 16 hrs al Congreso para presenciar la sesión de la Comisión de Desarrollo Urbano y la de Hacienda se nos negó la entrada. Yo, francamente no lo podía creer. ¿Cómo es que los empleados deciden operar a espaldas de sus jefes? No me la creía. En verdad. Sentí una impotencia honda al pensar que diez pisos arriba, rehuyendo a nuestra mirada, los diputados decidirían el destino de un bien público.

Nos enteramos después, al ver bajar al diputado Homar Almaguer, del PT, que la sesión se había declarado en permanente. Entonces fue que lo abordé pidiéndole que se negara a participar en sesiones en las que estuviera prohibida la observación ciudadana. Me tomó del hombro paternalmente para decirme que me calmara, que estuviera tranquila. ¡No me toque!, me dieron ganas de gritarle, pero en lugar de eso, quité su brazo y puse mi mano sobre su saco azul, a la altura de su hombro, igual, con un gesto maternal: “No, sí me preocupo”, le dije. Entonces él me reclamó: “¿por qué desconfían tanto del prójimo?”, apenas creí lo que escuchaba: ¡semejante funcionario chantajeando a la ciudadanía! Le contesté: no desconfío del prójimo, sino de los diputados. Entonces me contestó: “Bienaventurado el que cree sin haber visto, porque de él es el Reino de Dios”, en mi fuero más interno sentía tristeza de entrar en una discusión tan vulgar con quien debiera ser un legislador honorable. Lo paré en seco: ¿Usted es del PT? ¡Claro! Me contestó. Entonces, ¿por qué tanta religiosidad? ¿qué no es Usted un hombre de izquierda? ¿Qué hace refiriendo frases bíblicas en un recinto público y laico? Almaguer dijo que no era una frase religiosa pero no acabo de dar más argumentos pues comenzó a caminar hacia la salida.

El diputado bienaventurado

Al final, nos quedamos algunos integrantes del Colectivo pensando en voz alta, entristecidos de que no pudimos hacer más. Mañana o pasado mañana, o después aprobarán la cesión en comodato de 25 hectáreas de patrimonio público a FEMSA. La verdad estoy muy triste. No puedo ni quiero negarlo. Me entristece mi País, la oscuridad que nos rodea y el egoísmo de la mayoría que no mira más que lo inmediato, lo que come, lo que viste, lo que paga para divertirse. Sobre los diputados no tengo siquiera palabras. Los desconozco como representantes populares. Me avergüenzan.

Nosotros seguiremos en pie de lucha. Iniciaremos los recursos legales necesarios para revocar un decreto ilegal, que considera “utilidad pública” un negocio privado. No señores, podrán ustedes dejarse confundir pero nosotros estamos bien claros: en ese sitio debe haber un bosque.

Mañana estaremos de nuevo a las 10:30 am. en el Congreso. Es triste no esperar nada de los representantes populares. Entristece de veras.

Sobre las minorías

17 mar

Orgullo

Con agradecimiento y admiración,
a la Comunidad LGTB, por su ejemplo.

Todos formamos parte de alguna minoría, aunque algunos no quieran asumirlo por temor a parecer débiles. El concepto se ha entendido como “los muy pocos” , “los perdedores” o “los amolados”, pero esto sólo evidencia cómo entienden algunas personas desde el pensamiento hegemónico a la diversidad: quien no piensa o no vive como yo, forma parte de una minoría.

José Antonio Fernández desprecia la movilización social que pugna porque el nuevo estadio del Club Monterrey no sea financiado con recursos públicos ni en un espacio que debiera albergar un bosque. Por preferir que en las 25 hectáreas que exige para su estadio y su macro estacionamiento se rehabilite la vida de un ecosistema, hemos sido tachados por él como “una minoría ruidosa”. Tengo que decir que discrepo. Creo que la mayoría de este planeta sufre de una gran tristeza ante la pérdida de futuro. Las mayorías observan con terror los cambios que presentan las estaciones del año, las extremadamente altas o bajas temperaturas en el ambiente, las furiosas precipitaciones, el desgarramiento de los polos. Las mayorías sufren las consecuencias de tener gobiernos supeditados a códigos mercantiles. A esa mayoría pertenecemos.

Si queremos hablar de verdaderas minorías, hablemos de los muy pocos que se han enriquecido explotado irracionalmente los recursos naturales que pertenecen a todos. Quienes ostentan el poder son incapaces de verse como la minoría que son. Se dedican a gobernar el “mundo” sin el pueblo, por eso se equivocan, por eso pueden generar tanto daño.

El movimiento lésbico, gay, transgénero y bisexual (LGTB) fue por muchos años considerado una minoría. Si habláramos de “minorías ruidosas” tendríamos que hablar justamente del colectivo LGTB, cuyas “ruidosas” demandas fueron poco a poco sensibilizándonos sobre la incondicionalidad de sus derechos. El día de hoy las cosas han cambiado. En el Distrito Federal se han consumado bodas entre personas del mismo sexo que sólo una minoría intolerante repudia. Los papeles se cambiaron. Lo que fue considerada la lucha de un pocos, se convirtió en una exigencia social.

Por eso este movimiento es un referente imprescindible para quienes luchamos hoy por concientizar a nuestra comunidad sobre el derecho que tenemos a vivir en un ambiente sano y sustentable. Las “minorías ruidosas” despiertan y despertarán a quienes prefieren negar la realidad. Celebro la existencia de estos movimientos de conciencia, creativos e independientes cuya fuerza es la certeza, la solidaridad y la voluntad.

El Colectivo Ciudadano en Defensa de la Pastora puede parecer minoritario, pero pronto dejará de serlo. La razón no es un asunto de conteo de votos, la democracia –lo hemos visto- es falible, no pertenece ni a las mayorías ni a las minorías, la razón es un rocío que la historia convierte en lago. El tiempo es un juez inclemente y en el caso que nos ocupa no demorará en dictar sentencia.

Para más información visita: www.sialestadioperoenotrolado.org
Para escuchar este texto como Podcast: http://cort.as/HdR

Sobre lo anterior

11 mar

¡Don Rooober!

10 mar

Reconoce gobierno de NL: matorrales son prioritarios

6 mar

Mientras que los representantes de FEMSA en el gobierno, como el diputado Héctor Morales, y los comunicadores, como Hernández Jr. y la propia empresa, se jactan de que en el predio que exigen sólo hay matorrales y pastizales que remover, la Secretaría de Desarrollo Sustentable, férrea defensora del estadio en La Pastora, junto a otras autoridades ambientales -entre las que destaca el Tec de Monterrey- catalogan en el Programa de combate al cambio climático en Nuevo León la protección estricta de los matorrales y pastizales, por ser especies que mitigan los efectos del cambio climático. Mientras que el gobierno se contradice, nosotros cobramos más fuerza: Sï al estadio, pero en otro lado.
Apenas hace unos días, funcionarios de la Administración de Rodrigo Medina calificaban al terreno en La Pastora, que buscan entregar servilmente a Femsa para que construya un Estadio, como un lugar de puros “matorrales”.
Pues bien, el recién publicado ‘Programa de Acción ante el Cambio Climático para el Estado de Nuevo León‘, coordinado por el Centro de Calidad Ambiental del Tec de Monterrey y la Secretaría de Desarollo Sustentable, señala que ”la calidad de vida de las comunidades humanas depende de ecosistemas saludables y (…) es indispensable reconocer que el cambio climático afecta a los ecosistemas, su biodiversidad, los procesos y los servicios ecológicos que su funcionamiento nos brinda”.
En lo que se considera el primer Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para Nuevo León, se documenta que la generación de CO2 (dióxido de carbono) per cápita de los regiomontanos asciende a 7.23 toneladas por año, por encima del promedio nacional.
El programa propone medidas para combatir el cambio climático y en el punto 3.2 Ecosistemas y biodiversidad, del capítulo número tres “Análisis de impactos del cambio climático y vulnerabilidad en sectores estratégicos del estado de Nuevo León” dice textualmente en su página 23 (aquí va la nuez) que “se determinaron como objetos prioritarios de conservación los siguientes ecosistemas, grupos biológicos y/o especies:
ECOSISTEMAS Y VEGETACIÓN
Matorrales semiáridos
o Matorral Espinoso Tamaulipeco.
o Matorral Submontano.
o Matorral Xerófito.
o Mezquital”,
Rodrigo Medina y pandilla trabajan como agentes de bienes raíces para Femsa, pero debemos recordarles que convertir ese terreno en La Pastora en un estadio significa, primero, la pérdida de un espacio público en beneficio de un interés privado y, segundo, que serían negligentes al dañar un área natural llena de matorrales que ayudan a combatir los efectos del cambio climático; son ecosistemas que se deben conservar.
Las instituciones y organismos que avalan este reporte son: Secretaría de Desarrollo Sustentable del gobierno de NL, Instituo Nacional de Ecología, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y Tecnólogico de Monterrey. El estudio fue financiado por la Embajada Británica en México.
Del 1 al 12 de marzo es el plazo para participar en la “Consulta Pública para el Programa de Acción ante el Cambio Climático para el Estado de Nuevo León” (http://www.nl.gob.mx/?P=sdsustentable_campanas). Invitamos a la ciudadanía a participar enviado sus propuestas y opiniones. Envía por correo electrónico (o presenta por escrito) tu propuesta o mensaje. Te sugerimos señalar la contradicción en la que se encuentra la promoción de un estadio en un espacio público y área natural con matorrales básicos para mitigar el cambio climático.

Gran Manifestación en FEMSA

3 mar

Sábado 13 de Marzo, 11 de la mañana, estación General Anaya del metro. Caminaremos hasta el corporativo para entregar una carta y realizar una instalación titulada “el árbol de los agravios de FEMSA”. Participa en la defensa del espacio público con vocación ecológica. Construyamos ciudadanía.

Miscelánea

23 feb

1. Que es falso que la Comisión de Desarrollo Urbano del Congreso local esté realizando sesiones con la ciudadanía. En realidad son invitaciones a observar una parodia de debate, en pero no nos dejan hablar, sólo aburrirnos.

2. Que el Congreso Local negó al Colectivo Ciudadano en Defensa de La Pastora la información del expediente del estadio alidiendo a que era información “reservada” y justificando su negativa con una fracción inexistente en la Ley de Transparencia. ¡El colmo!

3. Que esa información tiene que ser pública para que la ciudadanía conozca bien el proyecto y tome decisiones con información. El tema de las vialidades es fundamental. El Congreso guarda con recelo el plan  vial de FEMSA. La empresa no ha explicado qué harán con las veinte hectáreas que no forman parte del estadio. ¿Por qué?

Mi aporte

18 feb
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