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Carta a Monsi o no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy

20 jun

Me preparé muy mal para la muerte de Monsiváis.  Tuve tiempo suficiente para hacerlo pero lo gasté esperándolo. Al enterarme de su muerte mi mente conectó vagones extraviados. Mientras el narrador del juego Dinamarca-Camerún hacía una pausa para informar a los radioescuchas el deceso del escritor, yo me desaparecí de mi asiento, abandoné el tráfico y me separé todo lo necesario de todo y de todos para despedirme de uno de mis amores peor correspondidos pero más gratificantes.  Hallé consuelo en la imagen de una fruta desprendiéndose de su árbol.  Ese momento, místico, único, del tallo que se suelta de la rama para entregarse en su confiada pesadez a la tierra me hizo cerrar los ojos y percibir la inexistencia de Monsiváis.  Ya no estás, Monsi. No hay relevos. Nos quedaremos donde nos dejaste.

El domingo 27 de Mayo, luego de espulgar el periódico por última vez, algo me empujó a traer papel y pluma para escribir -¿por qué no?- una carta a Monsiváis. Hay que aprovechar esas mañanas en las que nuestros ojos ven nítido, en el ánimo hay perfume y el futuro se antoja como un mejor lugar.  Escribí la carta en tres hojas, sin reparar, sin regresar, sin censurarme. Supe que estaba siendo sumamente cursi pero decidí no sentir vergüenza por ello, al contrario, desanudé las barcas nostalgia y cursilería para bogar buscando entre mis voces la que lo llamara.

Pasó una semana, dos, tres y la carta seguía en mi bolsa. La semana pasada fui finalmente al edificio de Correos pero encontré la oficina postal cerrada con un letrero que decía que a partir de ese día, la oficina cerraba una hora antes, a las 4pm. Dos días después regresé por la mañana, compré un sobre, y al buscar la carta en mi bolsa me acordé que justo la noche anterior había vaciado mi bolsa buscando desesperadamente un prendedor o mis llaves.  Decidí comprar el timbre, y me llevé el sobre. En la estampilla aparece Rafa Márquez y Torrado.  El viernes fue un día complicado de principio a fin y la carta, el sobre y el timbre tuvieron que esperar un mejor momento. En esto pensé cuando supe que Monsi había muerto.

La comparto con quienes están tristes, como yo. Para quienes como yo, se sienten desamparados y lamentan la suerte de México sin Monsi.

27 de Mayo de 2010, Monterrey, N.L

Querido Monsi:

Te escribo y te pienso desde el Monterrey que hoy se asoma soleado y brillante por mi ventana. Talvez no me recuerdes pero soy esa, en alguna fila, que nunca te habla pero siempre conversa secretamente contigo después de leer tus libros y columnas. Me llamo Ximena, alguna vez te mandé una servilleta para saludarte después de un mitin de AMLO cuando almorzábamos en Bellas Artes.  Luego me tocó estar sentada en tu camita, mientras tú nos hablabas desde tu reposet con tus crocs rojas. Formé parte de ese libro reciente “La conciencia imprescindible”. Te escribo ahora desde la esquina de mi cocina, desde la mesa donde yace el periódico que sigue sin traerte. Estas letritas tienen por objeto decirte que me haces falta y que en tu ausencia te has hecho presente.

Entre los lectores y sus escritores favoritos se teje algo, un aire de familia. Creo que no soy la única que al leer algo que goza de veras piensa que el mensaje no puede más que ser decodificado por pocos. Como si una se asumiera parte de una tribu a la que pertenece el autor.

Esta idea es la que me hace pensar, creer, que te conozco, que te quiero. Corro el riesgo de estar equivocada pero aún siendo así no me arrepentiría porque habría gozado el sentimiento. Hoy me rebasaron la nostalgia y la cursilería, me pusieron esta hoja de papel y esta caligrafía para decirte que te extraño.

Yo creo que pronto te pondrás bueno, que regresarás con una revolución, -otra, la mejor- y que nos contarás lo que ves con la sabiduría de quien ha puesto su mano sobre la cabeza de la muerte. ¿Qué es la muerte? A mi no me espanta que te vayas. No lloraré como viuda ni me cercioraré de que todos vean que te llevo flores. No, Monsi, la muerte te espera para recompensarte. No te vayas a llevar un sabor a México amargo. Llévate el que algunos seguimos soñando. El del relajo, el de la solidaridad entre iguales, el de la amistad cívica, el que goza. El que lucha, el que se sostiene de pie, el de la reivindicación, el digno, el inteligente.  Desde Monterrey yo sigo conservando un México en mi paladar que nadie me hará arrojar. Amo pensar que nuestros Méxicos se parecen, Monsi.

Recibe el abrazo largo y los dos besos que no me atrevo a darte en persona. Recibe mis caricias en tu pelo blanco y una sobadita en la espalda. Mis conversaciones, nuestras conversaciones seguirán: siempre me dices cosas bien distintas en los mismos renglones.

Te espero, te esperaré contenta.

xp

El accionista

21 may

Por

Sergio Aguayo Quezada

(24-Mar-2004).- Diego Fernández de Cevallos reapareció protegiendo a un empresario corrupto, lo que le ganó críticas hasta de su partido. Personaje complejo que ejemplifica la metamorfosis del militante valiente y comprometido que, engolosinado con el poder y sus mieles, termina comportándose como accionista mayoritario de su partido. Ese mismo acertijo confunde y lastra la vida de otros partidos.

Diego presume de haber nacido dentro del PAN. Algo hay de eso porque pronunció su primer discurso a los 11 años, y 52 años después continúa sacudiendo auditorios deslumbrados con un verbo flamígero, audaz e irreverente, y con una seguridad en sí mismo que fácilmente se convierte en iracunda arrogancia. Convencido de lo que dice y hace, jamás rehúye una buena pelea aunque tiene la astucia para ir seleccionando y dosificando a sus enemigos, tan numerosos como sus aliados, asociados y seguidores.

Diego también es un negociador astuto y calculador, y ese atributo lo puso en el vértice de la política nacional. Después de las traumáticos comicios de 1988, el Presidente electo Carlos Salinas de Gortari necesitaba legitimarse y ampliar su capacidad de maniobra. Requería de una alianza con el PAN para sumar los votos de sus diputados a sus proyectos y para contener a una izquierda furiosa con el fraude electoral. Diego fue un eficaz emisario para el PAN, un partido urgido de mayor presencia nacional porque sólo así podía ingresar a las ligas mayores. Y a partir de entonces, el PAN creció por su trabajo, y porque desde Los Pinos le reconocieron triunfos, y empezaron a cosechar las victorias y a recibir los recursos que apisonaron el sendero que los llevó ala Presidencia.

Hace tiempo, Diego recomendó a un grupo de jóvenes que si entraban en la política buscaran independencia económica. Sabio consejo que Diego rebasó porque con su práctica privada acumuló riqueza imposible de establecer porque al interior del panismo se consideran incorrectas las declaraciones patrimoniales. Una mancha sobre esa fortuna es la sospecha de que el éxito de litigante se apuntaló con el acceso a los círculos de poder. Y sí, los asuntos redituables empezaron después de aquel acercamiento privilegiado a Los Pinos. Recuérdense si no las hectáreas en Punta Diamante (cerca de Acapulco), la representación de los herederos de Gabriel Ramos Millán contra la Secretaría de la Reforma Agraria, la defensa de los intereses de Jugos del Valle contra la Secretaría de Hacienda, la fusión del Banco del Atlántico con Bital, la contratación de su maquinaria para diferentes obras públicas en el Querétaro panista, etcétera.

Son tan grandes los montos en disputa y tan fuertes los indicios de que traficó con influencias, que se han multiplicado las críticas de columnistas, reporteros y políticos de los tres partidos: Roberto Campa del PRI, Martí Batres y Andrés Manuel López Obrador del PRD, Carlos Medina Plascencia y Luisa María Calderón del PAN están entre los que han condenado sus actividades. Diego ignora los señalamientos y cuando se defiende exige pruebas, cuestiona las motivaciones de sus adversarios y se envuelve en el sarape de la rectitud.

En el último escándalo, Diego dialogó con Carlos Ahumada Kurtz y lo orientó y ayudó para difundir los videos que lastimaron al PRD. Se justificó diciendo que incluso Ahumada necesitaba defenderse frente a la injusticia e invocó, como razón superior, el combate a la corrupción en el gobierno del Distrito Federal. La defensa es endeble porque basta recordar el daño causado por Ahumada para concluir que si alguien necesita un defensor son los del PRD, y porque es imposible olvidar el encono que Diego le tiene a Andrés Manuel López Obrador. Lo indudable es que Diego sigue al pie de la letra el precepto de que el “fin justifica los medios”.

El comportamiento del Diego tardío choca con la forma en que los panistas se ven y se presentan ante la sociedad. En sus documentos, el PAN se describe como un partido que no justifica los medios para alcanzar los fines y pone a la ética como su referente y su razón de ser. Y en el asunto de Ahumada cuesta trabajo justificar el maridaje entre el Senador y el corruptor. Diego pone en entredicho otros pilares del ser panista. Litiga contra dependencias gubernamentales cuando el código de ética de ese partido prohíbe realizar a sus cuadros “labores de gestoría remuneradas, ante instancias del propio ámbito de responsabilidad o de otros niveles de gobierno”. Diego hace lo que quiere pese a que los estatutos del PAN exigen disciplina a sus miembros. A Diego nadie lo para y se comporta como accionista, como propietario, de un PAN que acepta con humildad franciscana la independencia de uno de sus militantes más distinguidos. Tiene compañía porque, pese a los enconos entre ellos, en su camino a la Presidencia Vicente Fox siguió el ejemplo de Diego, y Marta Sahagún está haciendo ahora todo lo que puede por emularlos y superarlos.

La historia, inconclusa, plantea preguntas sin respuesta. ¿Es Diego un “coyote angora” u otro difamado? La evidencia está dispersa, espera una investigación exhaustiva sobre sus negocios. ¿Faltan las pruebas, flaquean las voluntades o es vulgar ineficiencia? Sería útil limpiar la breña porque sobre Diego cae otro chubasco que puede transformarse en tormenta: la construcción de una carretera entre Arandas y Tepatitlán en el Jalisco panista. Entretanto, la Procuraduría General de Justicia del DF podría aclarar el papel del Senador en el caso Ahumada. Son curiosos los jugueteos de la historia, porque en 1988 Bernardo Bátiz acompañaba a Diego a negociar con el gobierno de Carlos Salinas. Con esos antecedentes, ¿investigará Bátiz al Senador?

Una dimensión adicional está en el triángulo militante-partido-sociedad. Diego está bien acompañado en ese rompimiento de la disciplina partidista. Es bastante frecuente que los militantes distinguidos y poderosos actúen por la libre y/o se olviden de la austeridad republicana y se dediquen a salir de pobres. En ese terreno hay parecidos entre José Murat y Elba Esther Gordillo, Andrés Manuel López Obrador y Rosario Robles, Diego Fernández y Marta Sahagún. Cada partido reacciona de acuerdo a sus reglas y contextos. Sin embargo, cuando las consecuencias rebasan lo que pasa dentro del partido, el organismo político debería intervenir con más energía o al menos aclarar si se está violando la ética pública. El País podría evitarse el pago de facturas que ahora le endosan militantes indisciplinados o deshonestos.

El drama del hippie

7 may

Ayer, Denise y yo caminábamos por la acera de la Facultad de Psicología luego de tomarnos unos ricos tés en “El palacio del Te” -muy recomendable para mitigar el calor, aunque luego comentamos sobre la tapioca-, total que, acaloradas, íbamos hacia el vocho cuando vi que más adelante un hippie dejaba de hilar fijando la mirada sobre mi amiga casi con fascinación. Denise todavía no se daba cuenta de que aquel muchacho dejaba todo para esperarla, para darle un abrazo para decirle ¡pero cómo ha pasado el tiempo! ¿qué ha sido de ti? yo, previendo todo esto me dije a mi misma: ¡nooooooooooo! Después de la eufórica bienvenida pensé que seguramente pasaríamos un rato  en la banqueta, achicharrándonos, así que resignada me puse a ver las artesanías del amigo mientras escuchaba los efusivos saludos y la narración conjunta de sus recuerdos más entrañables. Ya volaba yo en mis propios pensamientos cuando en eso escuché algo que me hizo bajar de las nubes y caer en seco sobre el pavimento. El artesano se quejaba amargamente con Denise sobre las presiones, la falta de tiempo y los pendientes. ¡No tengo tiempo! decía el hippie, y yo, atónita, no podía creer lo que ecuchaba. Me pareció el fin de una civilización: ¡un hippie sin tiempo! ¡debe ser el fin! quise gritar. Por fortuna no tuve que caer de rodillas a rasgarme mis ropas pues Axel comentó recogiendo de su tendido unas copias engargoladas, que un libro lo salvó de su estrés. El libro se llamaba El Tiempo Vivo y al parecer su lectura regresó a nuestro hippie la tranquilidad y la paz. Hace rato estuve buscando referencias pero no encontré muchas. De cualquier manera aquí les pongo la portada y el nombre de su autor por si quieren probar suerte.

¿por qué no?

Este tema me hizo recordar que hace poco, en el Festival de la Tierra, el hijo de unos amigos me preguntó señalando a Carlos Diaz, ¿ese es un hippie? Como la pregunta venía  de un niño de 10 años, había que tratar de satisfacer su duda con claridad. Miré a Carlos un rato: pelo lacio largo, pantalones de manta, pulseritas, sandalias, guitarra y canto. Casi pude decirle a mi amiguito que sí, que Carlos era un hippie, pero para no dar posibilidad al error le dije: “habría que preguntarle qué come; si sólo come miel estamos ante un hippie, sin lugar a dudas”.  El niño se me quedó viendo raro.

Disculpe, ¿usted come sólo miel?

No te mueras, Monsi

9 abr

No quiero que Monsiváis muera porque extrañaré su presencia en el País, porque quedaré esperándolo a perpetuidad en la cita que tiene con nosotros sus lectores en El Norte, porque no quiero que se vaya con un sabor al México amargo de estos últimos días.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de visitarlo en su casa. Fue un regalo que la vida me dio como gratuitos da de vez en cuando caramelos. Ya estaba enfermo, pero su mirada vivaz lo traicionaba. Me preguntó un montón de cosas sobre Monterrey casi con curiosidad infantil. Yo quería abrazarlo. Lo veía jorobadio, en su pijama y con sus crocs rojas pero nada acallaba esa voz  en mis adentros: cuánto te quiero, Monsi. No imaginas cuánto.

Nostalgia

Cuánto puede una llegar a querer a alguien tan distante pero tan cercano como puede ser un escritor. Al leerlo siento un cúmulo de relámpagos a nivel de tórax. Lo que leo me llama por mi nombre, me produce esa sensación literaria difícil de comunicar pero que tiene que ver con una comunión privilegiada con el autor.

Escribo esto envuelta en nostalgia. México no está como para perder a Monsi.

Carta a Beatriz Paredes

8 dic

8/12/2009 PROCESO
por Sabina Berman

En sus *Precisiones* , texto publicado en El Universal el 30 de noviembre
pasado, se disculpa usted y se sustrae del mundo de las acciones. El partido
que usted preside votó durante el año de 2009 en 17 estados por criminalizar
la interrupción del embarazo, pero escribe usted que no tiene
responsabilidad en ello. Usted se vio forzada a ponerse al margen, y como
Pilatos, ahora se lava las manos. ¿Por qué?

Su razón se divide en dos tiempos.

1. Usted es feminista y personalmente está por la despenalizació n absoluta
del aborto, pero por desgracia el PRI ha sido un partido menos
“vanguardista” en “los temas de derechos civiles”.

2. Por eso, cuando 95% de los diputados priistas de esos 17 estados votaron
en contra de lo que usted misma hubiera deseado, se vio en la amarga
necesidad de respetar sus voluntades, porque usted es “una feminista”, sí,
incluso es “una mujer de izquierda”, sí, incluso es una “modernizadora” ,
ajá, pero ante todo, y de manera “crucial”, es “una demócrata”.

Bueno, licenciada Paredes, es conmovedor, pero lamento informarle que sus
argumentos son falsos. Simplemente no se arraigan en los hechos. Por lo
contrario, los hechos contradicen sus dos argumentos. Me explico:

1. Falso que el PRI sea un partido reaccionario en cuanto a las libertades
de las mujeres. Al revés: En el ensanchamiento de las libertades de las
mujeres, el PRI ha sido la vanguardia –una vanguardia acaso demasiado
paulatina, pero vanguardia al fin.

En tan temprana fecha como 1974, siendo dueño de la Presidencia y del
Congreso, fue el PRI el que reformó el artículo 4 de la Constitución, para
garantizar el derecho de toda mujer “a decidir el número y espaciamiento de
sus hijos”.

Igualmente, en las últimas dos décadas fue el PRI, ahora con ayuda del ya
existente PRD, el que se dio a la tarea de generalizar en los estados del
país las excepciones que permitían el aborto. Es decir: Hasta hace un año,
se permitía a una mujer interrumpir su embarazo en todas las entidades del
país si había sido violada; en 30 estados, si abortaba debido a un
accidente; en 29, si su vida peligraba; en 14, si el producto sufría de
malformaciones, y en 11 estados por otras circunstancias.

Y, por fin, fue el PRI el que durante el reciente año de 2006 presentó en la
Asamblea Legislativa del DF la primera ley que legaliza –y ordena los medios
gratuitos– para la interrupción del embarazo en cualquier circunstancia,
siempre y cuando el producto tenga menos de 12 semanas de gestación.

No, licenciada Paredes. Durante medio siglo el PRI estuvo por el paulatino
ensanchamiento de las libertades de las mujeres en México. Es únicamente
bajo su presidencia que el PRI ha legislado para destruir su propia obra y
para negar, abruptamente, el derecho de las mujeres a decidir sobre sus
propios cuerpos.

2. Escribe usted que ha tenido que sacrificar sus altos ideales feministas y
de izquierda por los todavía más cruciales ideales democráticos. Como
presidenta del PRI, su deber ha sido respetar la libre elección de cada
diputado priista al votar, bajo el peso de su conciencia individual, SÍ o NO
las reformas que criminalizan el aborto.

Qué lástima: falso otra vez.

En 17 estados 95% de los priistas votaron por criminalizar el aborto. La
uniformidad del voto tricolor para destruir su propia trayectoria y
contrariar su supuesta ideología social-demócrata es inexplicable, a menos
que uno suponga que los diputados recibieron desde lo alto la orden de votar
así.

Desde lo alto: ¿desde dónde?

Opciones más socorridas: a) desde las oficinas de los gobernadores, que
negociaron con el clero la libertad de las mujeres y la pusieron a usted, en
efecto, al margen; b) desde la presidencia del PRI, cargo que, le recuerdo,
usted ostenta, o c) desde la oficina del Espíritu Santo, como ha insinuado
el obispo de Acapulco.

Haya sido desde donde haya sido, lo único seguro es esto: La democracia no
tuvo nada que ver en estas votaciones, donde las formas también revelan cómo
las conciencias individuales de los diputados priistas fueron
atropelladas.

Típicamente, cada diputado priista recibió un día antes de la votación el
texto de la reforma. Así, cada legislador tuvo apenas una noche para leerla
y estudiarla y consultar documentos y expertos e ir a pedir su reacción a
sus representados, los ciudadanos, y tal vez viajar al extranjero para
atestiguar las experiencias de otros países. Cosas que lógicamente no pudo
realizar. Se sabe incluso de diputados que llegaron al día siguiente al
Congreso sin haber terminado de leer la pretendida reforma. Y ahí, en el
Congreso, el debate previo a la votación duró un par de horas llenas de
gritos y molestia y sorna ante los pocos argumentos que se intentaron desde
la tribuna.

¿Democracia, licenciada Paredes? No. Simulación de la democracia, licenciada
Paredes.

3. Entonces pues: Ni la primera mitad de su argumento ni la segunda mitad se
ajustan a los hechos.

Probablemente usted no ha presidido sobre los arreglos de los caciques
estatales con el clero, a pesar de ser presidenta del PRI. O probablemente
sí ha presidido. Probablemente usted ya no pretende ser feminista cuando se
mira al espejo. O de nuevo, probablemente sí. Da igual. A partir del terreno
donde las palabras no embonan con los hechos, todo es posible en el verbo.
Todo es ficción.

Y mientras tanto, 33 mujeres duermen en la cárcel por haber interrumpido un
proceso biológico dentro de su propio cuerpo; 140 mujeres se encuentran en
procesos legales por lo mismo. Y en siete estados los caciques priistas
alistan idénticos golpes contra las mujeres y contra la democracia.

Esos sí son hechos, licenciada Paredes

La historia de Sara Schulz

26 nov

Sara compartió el siguiente texto en su red social de Facebook.  Abrir esta habitación de sí misma a tanta gente es un acto generoso y lleno de valor. Su testimonio, alimentado de afecto, de inteligencia y de serenidad, debiera ser leído por las legisladoras y legisladores que toman decisiones sobre los cuerpos de las mujeres mexicanas sin haber escuchado jamás narraciones como la que hoy mi amiga pone sobre la mesa. Ha tensado una cuerda en donde ella mismo colgó su historia personal, como en tendedero de vecindad. Sara expone lo suyo a su comunidad para desmentir a quienes desdibujan el rostro de las mujeres. Su invitación es que a compartamos con ella el tendedero. Esta es Sara y este es su aporte:

Hablemos de nuestras historias

Mi historia

Si no hubiera abortado, hoy mi hijo o hija tendría once años; yo entonces tenía diecinueve.

Para mí ha habido pocos sentimientos en la vida que escapen a esa fluctuación constante a la que nos somete el paso del tiempo y que pueda calificar de certeros. Sentirme encinta fue precisamente uno de ellos. Era otoño. En el estacionamiento de la universidad me encontré a una amiga que obtuvo como respuesta a su “¿Cómo estás?” una palabra elemental —quizá la más elemental—: “Embarazada”.

Esos días tenía en el cuerpo la sensación de la satisfacción más absoluta, era como transportarme todo el día dentro del plácido sopor experimentado después de una comida abundante y deliciosa. Tener una temperatura corporal y un sabor especial de boca, como cuando entras a una habitación cálida después de caminar en la calle y soportar el viento frío, o cuando derrites en la boca una brizna de chocolate. Comer y dormir… “¿Por qué no podemos sólo comer y dormir durante todo el día?”

Me hice una prueba de farmacia… ¿rosa o azul? Salió en blanco, pero no era necesario intentarlo de nuevo, lo sabía. Estaba en la tercer semana cuando fui al ginecólogo y me hizo un ultrasonido. Vi en la pantalla la mancha diminuta que era en ese momento el embrión. Estremecimiento. Todavía hoy siento estirarse los bordes de mis ojos ante la emoción que me causó lo que veía, las ganas casi incontenibles de abrir la boca para dejar escapar el “oooooh” más espontáneo.

Qué difícil, qué duro y cuánta tristeza…

Fui al doctor con la seguridad de que no quería tener un hijo. Pensaba que no podría cuidarlo, que no quería criarlo sola, que no me gustaría que no tuviera papá o tuviera uno irresponsable como es el mío. Pensaba que afectaría negativamente la vida de todas las personas a mi alrededor. Desde entonces y a la fecha, criar a una persona me parece una tarea monumental, en ese entonces estaba convencida de que sería incapaz de ello.

Era viernes. Al salir de la consulta fui directo a casa de mi novio a darle la noticia. Lo encontré en la azotea donde tenía un jardín. Las hojas de los árboles estaban en el piso y él las juntaba con una escoba de vara, ras ras ras, en montones que formaban otro tipo de follaje: naturaleza muerta. Me preguntó qué quería hacer, le dije que quería abortar. Guardamos silencio, más ras ras ras. Había nubes aborregadas, hacía frío.

La cita para el aborto me la dieron para el lunes siguiente. Antes, el sábado debía tomar una pastilla que facilitaría el desprendimiento del embrión del sitio que había encontrado en mi útero. El domingo por la noche tomé un baño y en la regadera lloré desconsoladamente, quería tenerlo dentro de mí y guardarlo para siempre. Quería que todos los finitos y la realidad de la persona que era yo, no existieran; quería no sentir esa limitación, pero la sentía; quería ser capaz, pero no lo era.

Fui a la cita al Hospital Ángeles del Pedregal, acompañada de mi novio y una amiga. Pero a la consulta sólo entramos el doctor, él y yo. Salí sólo yo: yo sola.

No me arrepiento y no tengo sentimientos culposos, quizá porque no tengo una educación religiosa. Pero sí creo, y desde entonces lo hago, que embarazarme y abortar fue un atentado contra aquello que suele llamarse “lo sagrado” y eso me duele profundamente. Considero un acto de destrucción convocar a las fuerzas de la vida a un lugar, a un momento y un cuerpo determinados, y luego aniquilarlas. Aún así, en mi valoración de ese momento, mi convicción fue optar por cancelar la posibilidad de tener un hijo sin una pareja estable, sin recursos económicos, sin preparación profesional, sin un proyecto de vida.

Cuento todo esto porque recientemente algunos de nuestros legisladores han aprobado reformas de ley que castigan el aborto como un crimen y convierten a las mujeres que lo llevan a cabo en delincuentes, aún en los casos de violación y de riesgo para la madre. En estas circunstancias la frontera entre lo público y lo privado adquiere otros matices.

Estos legisladores tomaron sus decisiones sin siquiera justificar sus decisiones desde el punto de vista del bienestar social y las requerimientos de la población en torno a los servicios de salud, lo cual es su obligación. Ellos quizá creen que las leyes que promueven afectan a una masa anónima que es “la población femenina”; o que regulan la vida de “la mujer mexicana”, ese concepto vacío que tiene entre sus atributos el de la “concepción”. Pero eso no es así, las mujeres somos nosotras, las que vivimos en carne propia las consecuencias de dichas leyes, las que construimos nuestra vida y tomamos decisiones, las que a veces nos equivocamos, pero que como seres humanos y ciudadanas tenemos obligaciones y tenemos derechos.

Yo tuve la oportunidad de practicarme un aborto en un hospital privado en condiciones seguras, pero muchas mujeres no la tienen, y deberían tenerla, esa y no otra es la obligación del Estado; tanto como lo es brindar educación sexual y el apoyo psicológico, más en los casos de violación y en embarazos de alto riesgo.

Por eso invito a las mujeres y a los hombres a que le pongamos rostro a los genéricos vacíos que tal vez hacen olvidar a nuestros gobernantes que su obligación es con nosotras: las personas reales.

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