Archivo | enero, 2012

Disculpe la molestia

27 ene

No quisiera necesitar a la sociedad mexicana para encontrar a mi hijo.

Disculpen la molestia, señores que discuten sobre el desempeño de los Tigres, ¿podrían ayudarme?, estoy desesperada, los militares desaparecieron a mi hijo Jehú. Perdone que la distraiga, señora que lleva prisa, ésta es la fotografía de Azalea, tenía 17 años cuando la levantaron en Apodaca. Mi niño, ¡le suplico que me escuche!, mi niño fue entregado por la Policía de Juárez a los Zetas.

Esta indolente sociedad mexicana es lo único que tienen cientos de ciudadanos para encontrar a sus hijos, a sus hermanos, a sus nietos, a sus padres. Ya han regresado de los ministerios públicos, de las zonas militares, de las procuradurías y fiscalías especializadas. No hay Estado. Sólo se han quedado los mantenidos del presupuesto público, pero no hay autoridades que resuelvan su tragedia. Lo han intentado todo, hasta arrodillarse frente al Procurador Adrián de la Garza. Pero no hay respuesta.

En la extraordinaria saga publicada esta semana por EL NORTE, en la que el periodista Daniel de la Fuente nos presenta cinco casos de desapariciones forzadas en Nuevo León, queda manifiesta no sólo la flagrante inacción, descoordinación y negligencia del Poder Judicial estatal, sino la participación deliberada -e impune- de agentes oficiales en la desaparición de personas. Son los mismos. Esto se llama terrorismo de Estado.

El terrorismo de Estado se distingue por provocar que cerremos puertas y ventanas al exterior para evitar enterarnos de sus abusos. El miedo nos corrompe. Sería ilógico pensar que todos los alemanes apoyaron los campos de exterminio nazi, pero ahora podemos comprender que, ante la barbarie oficial, el mecanismo de defensa más común es evitar darse por enterado.

Así, el País se fragmenta en narrativas contradictorias. Las víctimas y sus defensores fueron expulsados de la cursi ficción que sostiene el aparato publicitario oficial y que, por cierto, hace pasar a los sedientos de justicia como inadaptados, o bien, y esto quizá es lo más peligroso, pretende hacernos creer que sus causas están perdidas. ¿Quién desea ingresar a un laberinto sin salida?, ¿quién le va al equipo que tiene todas las de perder?

La apuesta del Estado es que la sociedad sea incapaz de articular esfuerzos colectivos; la clase política pretende que renunciemos a nuestra ciudadanía y que aceptemos gustosos el papel de consumidores. Ésta es una enorme tentación para el individuo cobarde y desinformado, que no comprende que su bienestar está estrechamente relacionado con la justicia y la equidad social. “Yo soy yo y mi circunstancia”, escribió el filósofo José Ortega y Gasset, “y si no la salvo a ella, no me salvo yo”.

Creo que la crisis del Estado mexicano que hoy atestiguamos es muy grave y de ninguna forma se detendrá su descomposición por un cambio de partido político, ni de perfiles en el poder. El desgaste histórico de la democracia representativa es global. Sin embargo, la defensa de la vida y de la dignidad humana no pueden esperar. Es lo único que tenemos.

Aunque albergo mínimas esperanzas en el Estado, advierto que su desmantelamiento será paulatino, luego, mientras siga teniendo el monopolio de la fuerza y la administración de los recursos públicos, seguirá valiendo la pena su depuración.

Por eso me uno a la exigencia urgente de Ciudadanos en Apoyo de los Derechos Humanos (CADHAC), organización ciudadana que ha respondido al dolor de 117 casos de desapariciones forzadas en Nuevo León (entre el 2011 y lo que va del año), de que los Diputados y Diputadas tipifiquen la desaparición forzada como delito. La omisión de los legisladores facilita que policías señalados como responsables de desapariciones sigan patrullando por la Ciudad.

Los ciudadanos del mundo tenemos ante nosotros la difícil tarea de sentir dolor. Nos corresponde representar la desolación y el desamparo. Sólo así estaremos mudándonos hacia sociedades más justas y pacíficas. La solidaridad, la compasión, la empatía tienen consecuencias culturales imborrables. Sentir nos dignifica. Pero no basta la indignación, hay que habitar el compromiso, la acción y la ofensiva ciudadana.

Los familiares de desaparecidos nos necesitan de su lado.

ximenaperedo@gmail.com

No tan rápido, “chapulines”

20 ene

Nos llaman cada tres o seis años para que le demos cuerda al sistema político que repudiamos. Asistimos muy orondos a la cita porque “es nuestro derecho” sin darnos cuenta de que nos están llevando al baile.

Tan sofisticado ha sido el engaño que pagamos su publicidad. Los banners fantasmas, los panorámicos con sus rostros, los spots, los escándalos fabricados los pagamos usted y yo, mientras ellos y ellas se divierten conspirando.

Aunque es angustiante, advertir la complejidad del panorama político es un signo de madurez cívica. Es difícil hablar de la tormenta cuando la gente quiere ver el sol, pero creo que cada vez es más complicado defender un sistema de imposturas que está rompiendo con los acuerdos éticos que le dan sentido a la vida en sociedad.

Como la democracia es un concepto dogmático por el que incluso ha valido la pena morir, es sumamente difícil plantear dudas lógicas sin recibir desplantes.

La instrucción cívica que hemos recibido es tan deplorable que somos incapaces de hacer renunciar a Fernando Larrazabal o a Rodrigo Medina, por mencionar dos de los cientos de casos de corrupción y negligencia confirmada en el poder. Pero los políticos nos han perdido el respeto a tal grado que lavan su imagen o hacen campaña regalando boletos para partidos de futbol que el pueblo mexicano agradece llorando.

Esto lo saben bien los diputados locales que a partir de hoy pedirán licencia para jugar a ser Alcaldes, Senadores o Diputados federales a pesar de haberse confirmado como impostores de la representación pública.

No recuerdo que alguna Legislatura haya agraviado más a ciudadanos organizados que ésta, la 72; desde las iniciativas congeladas de Ley de Participación Ciudadana, la Ley de Bienestar Animal, la negativa a tipificar como delito la desaparición forzada, hasta la decisión de prácticamente regalar a una empresa una reserva natural para la construcción de un estadio.

Esto sin contar los 795 expedientes que dejarían sin resolver, lo que representa un 135 por ciento más de rezago que la legislatura pasada.

¿En qué democracia semejantes malhechores podrían abandonar su puesto para competir por otro? El cargo de elección popular es irrenunciable salvo en casos de fuerza mayor ajenos a la voluntad de la persona (enfermedades terminales, por ejemplo); luego, abandonar el puesto por amor a la “polaca” derivaría en una suspensión de ciudadanía por un año que opera ipso jure, es decir, sin necesidad de juicio, según el Artículo 38 de la Constitución del Estado de Nuevo León.

Como sólo es derecho de los ciudadanos contender por algún puesto de elección popular, y los “chapulines” tendrían suspendida su ciudadanía por abandono injustificado de funciones, la Comisión Estatal Electoral o, en su caso, el IFE, tendrían que rechazar las candidaturas de los flamantes ex Diputados y de paso ex delegados, Alcaldes, etc., por tener suspendido el ejercicio de su ciudadanía.

Sin embargo, en 2006 cuando un grupo de ciudadanos denunciamos la anticonstitucionalidad de ciertas candidaturas bajo la hipótesis expuesta, la CEE -de aquel entonces- desconoció nuestro “interés jurídico” en el reclamo, como si los electores no tuviéramos vela en el entierro democrático, siendo que el Artículo 3 de la Ley Estatal Electoral nos nombra corresponsables de “de la preparación, desarrollo y vigilancia de los procesos electorales”.

Nos iría de muy otra manera si los comisionados de la CEE y los consejeros locales del IFE se pusieran la camiseta de ciudadanos para estudiar este caso y negar así, de la mano de la Constitución Mexicana y de la Constitución de Nuevo León, el registro a candidatos con ciudadanía suspendida.

Es difícil creer que las cosas puedan mejorar dentro de un sistema secuestrado por partidos políticos que pese a los brotes de hambruna en el País en este 2012 se aprobaron un gasto histórico de más de 3 mil 361 millones de -nuestros- pesos para patrocinar la superproducción electorera. Pero tampoco podemos cruzarnos de brazos cuando en nuestro nombre toman decisiones antisociales que nos despojan de dignidad y calidad de vida.

Mi candidatura justifica los medios, dicen los poseídos por la inercia electorera, incapaces de reflexión ni autocrítica. Anclados en su próxima aventura política no pueden ver el desastre que dejan detrás de sus pasos. Esto no puede llamarse democracia. Consejeros y Comisionados Electorales, no los dejen saltar.

ximenaperedo@gmail.com

¿Y el putazo que me diste?

6 ene

La familia mexicana se educa en el bullying. Ya lo habíamos comentando Mar, Dinorah y yo en una reunión de carcajada. El mexicano es burlón y cabrón porque debe aprender a defenderse desde muy pequeño de su propia familia. Somos chinguetas porque alguien más lo fue con nosotros. Bien, diría Freud. El siguiente video debe entrar a formar parte del tesoro de mexicanadas del YouTube. En éste, tomado y posteado por lo que a mis ojos sugiere ser el hermano mayor, un hijo adolescente sube las esferas navideñas al armario mientras la mamá levanta con un palo las puertas de este clóset. Por “accidente” –las comillas son freudianas- deja caer las puertas sobre la cabeza del hijo y las esferas –la joya de la corona, al parecer- se caen al piso y se quiebran. La mamá entra en histeria. El hijo sólo atina a contestar: ¿y el putazo que me diste?

En veintidós segundos la familia “Pérez” retrata a la colectividad, quizá por ese tino inesperado es que nos hace tanta gracia un video más bien cruel.

Pantalla LCD

6 ene

La sorpresa que nos dio la señora María Carmen Cuevas de rechazar la pantalla LCD con la que el Municipio de Monterrey pretendía condecorarla por ser la primera en pagar su predial da para muchas reflexiones.

Lo primero que impacta es la lección de civismo de una mujer a quien no “apantallan” con premios de consolación, sino que exige al trasnochado Gobierno municipal alumbrado público de las avenidas tal y cual por las que tiene que caminar de noche cuando ya no alcanza el camión.

María Carmen vive una ciudadanía en solitario, como la vivimos muchos, creyendo que no somos más que una ínfima minoría. A juzgar por las respuestas que dio a los asombrados reporteros, la señora María Carmen sabe perfectamente lo que hizo: “No la recibí (la pantalla de obsequio) porque estoy a disgusto”. Y a continuación planteó la exigencia de luz mercurial en los puentes Pino Suárez y Cuauhtémoc por los que camina de noche rumbo a su casa, en la Colonia Independencia.

La ciudadana expuso que en varias ocasiones había llevado el reporte al Municipio, pero nadie había prestado oídos a su temor de ser asaltada al amparo de la total oscuridad. Esa mañana, sin embargo, quedó resuelto su problema, pero tuvo que estar de pie desde las 2 de la madrugada para ser la primera y entonces dar una cachetada con guante blanco al confundido Municipio: por esto no merezco un premio, sino un buen Gobierno.

Confieso que me indigna pagar impuestos. Me parece humillante estar obligada a pagar por lo que considero una superproducción estilo Hollywood llamada Gobierno. Lo que digo es un sacrilegio republicano, pero el solidario relato que justificaba el pago de tributo ha perdido verosimilitud. Habíamos quedado que el ciudadano ético pagaba impuestos, pero nunca discutimos qué tan ético es preservar el atraco.

Pongo de ejemplo la televisión que María Carmen rechazó. Usted y yo pagamos por esa pantalla LCD de 32 pulgadas que se quedó en su caja; con nuestro trabajo diario mantenemos las ocurrencias de los gobiernos que se esfuerzan por aparecer simpáticos y festivos en la televisión. Mantenemos la maquinaria del desfalco funcionando. Alguien podría decir que entonces tendríamos que dejar de pagar impuestos, pero entonces aparece la señora Cuevas poniendo el listón de la eticidad cívica en lo alto para, desde ahí, hacerse oír.

Quizá la señora Cuevas peca de indulgente, pero ciudadanos como ella están reinstalando la autoridad en el Estado. Me convence su ejemplo.

Ahora bien, aunque es una tontería premiar al contribuyente, sigamos con la reflexión del episodio: ¿por qué una televisión?

De entre todos los premios (balones, bicicletas, libros, pases a museos), el Municipio supuso que lo que nos volvería locos a todos era una gran pantalla. Percibo que por su agudeza y convicción, la señora María Carmen no presta mucha atención a la tele, pero sabemos que en los hogares regiomontanos el aparato se mantiene prendido 10 horas con 51 minutos diarios.

La política se hace en la televisión. Los gobiernos estarían mucho más debilitados ante la opinión pública sin el apoyo constante de las empresas televisoras, que saben cómo cobrar esos favores. Los verdaderos Secretarios de Comunicación estatal y municipales están dentro de la barra de noticias de los canales locales. Reporteros y presentadores de noticias levantan de la lona a los gobiernos y políticos más corruptos sin el menor escrúpulo.

Dígame si no le parece absurdo que con dinero público se financien los nuevos decodificadores para recibir la señal digital en las televisiones análogas. ¿Por qué el Estado mexicano debe subsidiar un accesorio para el uso de un electrodoméstico?, ¿qué tan importante será la televisión para los partidos políticos que el año pasado destinaron, vía Congreso de la Unión, 500 millones de pesos para que no nos quedáramos sin ver a Joaquín López Dóriga?

La televisión es una gran seductora. Convierte a la política en un espectáculo vulgar. Por eso me conmueve que la ciudadana Cuevas haya intercambiado su tele por calles iluminadas. Arrancamos el 2012 con un reconocimiento del espacio público por sobre la caja idiota, es un buen comienzo.

ximenaperedo@gmail.com

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