Archivo | abril, 2011

El buen entendimiento

29 abr

Este es el libro de cuentos que escribí entre el 2007 y el 2008 y fue publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en el 2009. Está conformado por 16 historias cortas, cuyo hilo conductor, si lo hay, es la locura. No pude evitar que casi todos los personajes terminaran dementes. Pero esto hace sentir más cómodo al lector y a la autora, que leyendo página por página se van sintiendo más normales.  Lo encuentran en la librería universitaria, y lo vende Libros de Nuevo León

Retrato hablado

29 abr

Venden pornografía infantil, son narcomenudistas, lenones y, para quien esto no sea suficiente, no pagan impuestos y venden mercancía de contrabando: son los peligrosos puesteros. Así justificaron las autoridades un operativo cruel, que dejó a más de 400 familias sin fuente de ingresos y, para quien esto no baste, estigmatizados como ladrones y depravados. ¡Están fuera de la legalidad!, gritan unos y aplauden al Ejército que apoyó en el operativo infundiendo terror a los comerciantes.

Este sistema se ha mordido la cola y no sabe cómo desenroscarse. Lo que sucedió con los puesteros de la calle Reforma es otro movimiento perverso de quien dice combatir la corrupción exacerbándola. Las autoridades se benefician periódicamente de los arreglos posteriores a la persecución o a la amenaza: es su modus operandi. Preparándose para el silbatazo de salida en la carrera electoral, los panistas jalan las riendas de las huestes del PRI: ¿acordamos?

El operativo inició cuando de la nave “Vivir mejor” fue liberada la orden. El costo político sería repartido entre los gobiernos que mal encabezan Larrazabal y Medina, aunque sólo el primero tendrá posibilidad de negociar acuerdos. Así, con una dedicatoria especial para Rodrigo Medina, el Gobierno federal, muy a su estilo, decidió alborotar el avispero olvidándose, y esto es un sello distintivo de la administración, que las personas no son fichas en el tablero del Monopoly.

Hablemos de esas personas. Sorprende que las autoridades realicen un retrato hablado que apunta hacia criminales peligrosos, pero que, en el operativo, no haya habido detenidos por los delitos imputados: ¿quién es el narcomenudista?, ¿quién está vendiendo pornografía infantil? , ¿quién está explotando a sexoservidores? Nada, nadie. Las flamantes autoridades sólo levantan orgullosos las 260 toneladas de mercancía confiscada y advierten que ahora sí comenzarán las averiguaciones.

La situación es grave. No pretendo erigirme como la defensora del comercio informal, pero, francamente, hay que tener mucha suerte para conseguir un trabajo que ofrezca prestaciones de ley, con un salario justo y cuyo ambiente laboral no sea hostil. La precarización del empleo, que neurotiza, y la instalada crisis económica lanza a muchos a la calle a vender, qué, lo que se pueda: desde cerillos, tacos, cables, películas, ropa, software. La gran mayoría de estos comerciantes viven al día. No venden hoy, no comen mañana.

Es reprobable que vendan fayuca y que no paguen impuestos, de acuerdo, pero creo que es más lamentable lanzarlos a la calle en un momento tan crítico. El Alcalde Larrazabal ha dicho que la reubicación, de darse (¿acordamos?), tardaría algunos meses, mientras tanto, estas personas, utilizadas por la CROC para cerrar negocios, serán obligadas a ratificar lealtades y a colocarse la soga al cuello. Finalmente, de esto se trató el espectáculo de la semana, de reacomodar mandos y de medir músculos políticos.

Bajémonos de la nave de los fariseos y observemos detenidamente a los hijos y a las hijas de los puesteros de la calle Reforma. Es probable que la próxima semana no vayan a la escuela porque no habrá dinero para el camión. Para que regresen, sus papás tendrán que obedecer los oscuros acuerdos que logre su líder, Agustín Serna. Así se cancela la cultura de la legalidad y la construcción de la ciudadanía que le urge a esta Ciudad en llamas.

La delincuencia organizada, habrá que recordarlo, no es un fenómeno creado por generación espontánea. Es la suma de múltiples factores, pero quizá uno, el más poderoso, es la desesperación. Los mil veces excluidos no ponen en jaque a este sistema hasta que se hacen de un arma.

Claro, podemos conformarnos con el retrato hablado que hacen de ellos las autoridades, pero antes de pasar por ingenuos, recordemos las millonarias estafas de los políticos. La piratería también es hacerse pasar por Presidente, Alcalde o Gobernador.

ximenaperedo@gmail.com

Chonita la del ocho

22 abr

Llevaba varios años acariciando el plan de dedicar un día entero a ver la programación de la televisión local: Multimedios, TVAzteca Noreste, TVNL y Televisa Monterrey. Muchos regiomontanos pasan no sólo sus días, sino su vida, conectados a la televisión. De ahí mi curiosidad. Cuando anuncié en las redes sociales que el día había llegado y que me convertiría en mi propia conejilla de Indias, muchos me preguntaron si se trataba de un acto de penitencia a propósito de la Semana Santa. Flagelación, diría después.

Cabe advertir que tenía siete años de no ver televisión. En la peluquería o en las taquerías me ponía un poco al corriente, pero más bien me enteraba de lo que pasaba ahí adentro, en la caja idiota, por recomendaciones de amigos. Para mi fortuna, casi todo lo importante de ver está consignado en YouTube. Así conocí los fenómenos televisivos locales, con sus aciertos y sus vulgaridades, pero siempre a la distancia. Claro que sabía quiénes era las Muñequitas u Óscar Burgos, pero nunca había visto sus programas.

Con esto quiero decir que mi reporte será más bien una crónica del shock, más que el análisis sociológico que estamos obligados a elaborar. Porque la programación de la televisión local tiene mucha responsabilidad en la crisis moral y creativa que atravesamos como sociedad. ¿Perversidad? Tal vez. Pero más bien me inclino a pensar que quienes producen tele en Monterrey se están haciendo las preguntas más fáciles de responder. No se están desafiando ni intelectual ni creativamente. Éste es el gran problema.

Por los pasillos de una televisora local, cuyo nombre no diré porque parecería que eximo a las otras y más bien es un problema que se replica idéntico en las cuatro casas, se habla con sorna de Chonita la del Ocho, una señora en su miserable casa que mata cucarachas con su chancla mientras se refresca con su caguama. Así explica el productor a su equipo a qué público deben entretener. Más chichi y más nalga, todo revuelto, con explosiones de confeti y alguno que otro golpe para hacer reír a Chonita. Así de crudo.

Noam Chomsky habla de 10 estrategias de manipulación en los medios de comunicación. Mencionaré cinco. La distracción: la tele local está concentrada en desviar la atención de lo importante. Los noticieros se dedican a reportar, básicamente, la nota roja. La gradualidad: quizá no se atreverían a realizar los concursos humillantes del programa “Recta”, de Televisa Monterrey, o de “Las Noches de Futbol”, de Multimedios, si no hubieran ido poco a poco acercándose a lo más profundo del pozo.

Dirigirse al público con un tono emotivo (más bien cursi, en este caso), como si fuéramos criaturas irracionales: más que la reflexión y el movimiento intelectual, la televisión local se pone la playera de niñera histérica y asume su única tarea de entretener evitando a toda costa que el espectador cuestione. Así, básicamente a todas horas hay botargas en los cuatro canales. Botargas o personas disfrazadas con voz chillona que nos plantean el acuerdo de asumir un rol infatiloide, desprovisto de cualquier resistencia crítica.

Otra estrategia es estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Pasan largos minutos bailando, golpeándose y divirtiéndose entre los mismos conductores. Parecen ensalzar la estupidez, la mediocridad y la incultura. Muchos conductores tienen un léxico tan reducido que recurren a sonidos para hacerse entender. Esto, por no hablar del gastadísimo cliché de entretener a la gente con acercamientos de la cámara a las nalgas de alguien (la única novedad es que ahora hombres como Poncho DeNigris u Omar Fierro participan de estos insulsos jugueteos).

Podría concluir proponiendo que apaguemos la televisión y la odiemos a perpetuidad, pero no lo haré. Es lamentable que la gente creativa y talentosa que está haciendo televisión hoy en Monterrey esté presa en un modelo de tan baja calidad. Podrían estar abonando a reflexiones urgentes: la casa está en llamas, señores productores.

Afuera nos están matando. Es urgente que la televisión replantee su aporte.

ximenaperedo@gmail.com

El poder de la buena onda

22 abr

Hay otro tipo de energía que está circulando por el planeta. Lo que nos hace falta es recordar lo poderosos que somos: sin títulos, sin diplomas, sin propiedades…sin contactos. Estamos revestidos de un poder maravilloso…

De pinta

15 abr

Los zafarranchos de los políticos siempre son materia de reflexión. Hacen tan públicas sus carencias o sus virtudes personales que no pocas veces me dejan con ganas de filosofar sobre lo humano. Porque al final, poderosos o desposeídos, somos tan semejantes unos y otros que debería de ser más sencillo ponernos de acuerdo. Trataré de explicar lo anterior con un ejemplo.

El regidor de San Pedro, Eduardo Cruz Salazar, del Partido Verde Ecologista de México, se manifestó en contra del programa “San Pedro de pinta” por considerar que “entorpece las vialidades”, diseñadas, según él, para uso exclusivo de los automóviles.

El 5 de abril, en sesión de cabildo, el regidor se manifestó a favor de todo tipo de verbena semejante, pero dentro de un parque, sin obstruir a los vehículos su paso. “Las calles son para los carros, aunque no lo quieras entender, Mauricio, aquí y en todo el mundo”, dijo el regidor con cierto aire de sabelotodo.

La sesión se hubiera tornado trágica si el resto de sus compañeros, y el propio Alcalde, no hubieran defendido con argumentos sólidos uno de los programas sociales más progresistas que se han inaugurado en Nuevo León. Muchas veces ocurre que las autoridades ignoran los beneficios de los programas que abanderan y, ante críticas insensatas fáciles de sortear, guardan silencio, llaman al que sabe o se empantanan en discusiones sin información.

Por fortuna, en este caso, Mauricio Fernández defendió de manera convincente la importancia de peatonizar espacios públicos considerados exclusivos de los vehículos motorizados. “Lo más importante, discúlpenme, no son los carros, son los habitantes, los vecinos… mi intención es recuperar todos los espacios públicos, incluidas las calzadas”.

El regidor Cruz Salazar piensa como muchos ciudadanos. Quizá haya sampetrinos que agradezcan al regidor su postura. Lo entiendo. Pocas veces hemos debatido sobre la importancia de los espacios públicos en la prevención de la violencia. Al respecto dijo Mauricio: “Estamos hasta el gorro de problemas de inseguridad y necesitamos sacar simplemente por salud mental a la gente a los espacios públicos”.

Las calles han sido secuestradas por los automóviles. Observe cuán difícil es moverse por la Ciudad sin automóvil. No hay banquetas, y cuando hay están repletas de obstáculos. El transporte público parece deliberadamente mal diseñado para que los usuarios paguen dos o tres boletos para llegar a sus destinos. Pero además, consumistas y frívolos, nos ha dado por juzgar la valía de una persona por el auto que conduce.

No está bien que suframos tanto a las ciudades. No son bestias ni tenemos que resignarnos a sus defectos. Las ciudades pueden transformarse. Este sencillo principio debería estar en todas las mesas de discusión. Nuestros errores no nos condenan, lo que nos condena es el temor a reconocer que podemos estar equivocados.

El regidor Cruz Salazar puede cambiar de opinión. Muchos coincidimos en que bastaría con que asista un domingo a caminar por la Calzada del Valle para que quede cautivado con esa nueva experiencia de habitar la Ciudad. Bastaría con sentirse saludado cordialmente por otros para seguramente conocer los beneficios de que la gente escape de sus rejas y sus bardas. Sin embargo, el regidor avisó que a esas horas está dormido y que, por lo tanto, no se unirá a la fiesta dominical. Cuánto lo siento.

La indolencia y la improvisación son constantes en la función pública. Son extraordinarios los casos de regidores que entienden y asumen la dimensión de su responsabilidad. La mayoría ocupa este espacio como un trámite para pasar a otra tribuna. Por eso es importante que planteemos la urgencia de elegir por votación directa a nuestros regidores. Este cambio en la Ley Estatal Electoral puede motivar a que la administración municipal sea más transparente y efectiva. No saber quién toma decisiones sobre nuestros destinos urbanos nos coloca en la indefensión.

Es urgente encontrar espacios para la convivencia y la reconciliación. Lo mejor es que, al irnos de pinta, nos acercamos a esto.

Los caminos de la paz

8 abr


Estoy entendiendo de distinta forma la definición que guardaba Alfonso Reyes del regiomontano. Al definirlo como “un paladín en blusa de obrero, un filósofo sin saberlo”, pensaba que Reyes idealizaba a un pueblo callado. Sin embargo, muchos años después, la guerra y la posibilidad diaria de morir nos ha puesto a todos a filosofar. Advertir que nuestra muerte podría suceder en cualquier momento nos está transformando de formas insospechadas, ¿lo ha notado?

Y no me refiero a la crueldad exacerbada de unos pocos, ni a las infancias truncadas por la metralleta. La violencia desatada y la incapacidad de las autoridades para contenerla nos ha obligado a quedarnos con la papa caliente entre las manos. Así hemos iniciado reflexiones vitales. Acusar e insultar a las autoridades, ya lo hemos visto, no ha solucionado el problema. Nos libera momentáneamente de un grito ahogado, pero el terror se multiplica cuando vemos que no valen las palabras, ni las razones.

En cambio, y aunque a la manifestación nacional del miércoles fuimos pocos, estoy convencida de que cada vez somos más quienes llegamos a la conclusión de que esta guerra no sólo es el resultado de una sádica obsesión de quienes nos gobiernan, sino la factura de varias cuentas pendientes. Cuentas que adeudamos casi todos, con excepción de las niñas y los niños.

Quienes saben que la paz nunca es conquistada por la vía armada han decidido abonar al proceso de reconciliación social desechando algunas conductas que ahora reconocen como antisociales. Las reflexiones de Javier Sicilia, sobre todo las que se centran en la compasión hacia los jóvenes mexicanos que asesinan por dinero, nos convocan a practicar sentimientos colectivos que antes desechamos por avaricia, como la solidaridad y el respeto.

Ahora, con la casa en llamas, es más absurdo pelear por lo que antes parecía importante. Ahora, extraviados como nunca, hacemos un exhaustivo ejercicio de memoria para recordar cuántas veces optamos por la dirección equivocada. Conceder al poder y al dinero las dos sillas de honor y comportarnos como sus sirvientes ha sido el argumento de la historia que hemos escrito en los últimos 30 años.

Las principales víctimas de esta historia no somos nosotros, que recientemente tememos salir a la calle, sino quienes mueren por no tener dinero para comer o para curarse. Los grandes perdedores de esta guerra son quienes se han acostumbrado a la marginación. El derecho a la vida está seriamente comprometido en este País, pero esto no es un fenómeno reciente.

Lo más trágico de morir por una bala perdida es caer asesinado por una persona que sabe que su propia cabeza tiene un precio. ¿Cómo es un día cotidiano en la vida de un sicario?, ¿cómo ha sido la vida de un joven soldado? Quien mata por dinero o por poder está sufriendo profundamente, eso no lo podemos perder de vista. Quien paga por la cabeza de alguien jamás ha escuchado que la comunidad lo necesita. Ésta es la gran desgracia instalada en México.

Por eso he dejado de ponerle nombre y apellido al fracaso. Me parece importante fijar posturas básicas sobre la negligencia deliberada de las autoridades, pero el problema no se resolvería aunque se fueran todos. De hecho, me suena a gran estafa la campaña golpista orquestada en contra de Rodrigo Medina. No hay cómo defenderlo, ni intento parecer su abogada, pero me parece no sólo patético, sino deprimente que alguien pretenda aprovechar esta crisis para capitalizarse políticamente pues, en lo profundo, se trata de una crisis moral.

En la concentración ciudadana del miércoles pasado se escuchó más fuerte el deseo de una reconciliación que la diatriba o el desahogo encolerizado.

Sí, muchos se han envenenado de miedo, por eso desesperan, por eso creen saber quién es el culpable. Otros, en cambio, han iniciado un proceso necesario de revisión personal, familiar y colectivo. Unos van en el tren de la guerra, aunque digan detestarla; los otros han decidido tomar el camino de la paz.

ximenaperedo@gmail.com

Sobre la persona que dispara

7 abr

para José Miguel Alvarado

Vivo en Monterrey. Estas tres palabras han cambiado su significado dramáticamente en los últimos años. Antes se me llenaba la boca de orgullo por las montañas, la velocidad, la fórmula del éxito sobre la mesa de todos los hogares regiomontanos. Ahora se me llena el pecho de dolor y llevo polvo en mi boca mientras camino, de noche, por una ciudad desierta, de ventanas cerradas.

 

En estos años los regiomontanos nos hemos transformado. He visto cómo mis certezas se resquebrajaron, cómo los héroes se volvieron lodo y cómo la fórmula del éxito terminó derramada en la coladera.  Sólo la belleza de las montañas permaneció incorruptible. Pero cuando las balas refregaron las plazas y las universidades se hizo un silencio de sepulcro en esta Ciudad. Nadie, ni los políticos, se han atrevido a hablar. En este silencio hemos iniciado procesos reflexivos. Sentir tan cerca a la muerte nos ha obligado a filosofar. Tanta sed acumulada  ha remojado nuestros ojos.

 

Soy afortunada de estar viva y de poder reportar al mundo que la violencia no sólo ha vuelto más crueles a unos pocos, también ha convocado a las mayorías a reflexiones colectivas, ha instalado en nuestros hogares nuevos sentimientos sociales, como el respeto y la solidaridad. Ahora es más absurdo pelear por lo que antes parecía  importante. Ahora no nos permitimos salir de casa molestos. Ahora buscamos el rostro del otro, como quien añora una pendiente reconciliación.

 

Tengo las mismas posibilidades de morir por una bala perdida que cualquiera. Salir a la calle es suficiente motivo. Si me llegara a suceder no tendría  mucho caso llorar por una vida tan plena como la mía.  He sido inmensamente feliz, lo digo humildemente. Mis ojos se han llenado y rebasado de belleza. No me ha faltado amor. Me he enamorado perdidamente. De noche las estrellas me recuerdan que mi existencia es un misterio fabuloso y, últimamente, comienzo a ver a los animales, a los árboles, plantas y flores como compañeros de aventura,  terrícolas  igual que yo. Por quien es necesario sufrir es por la vida de la persona que dispara. Quien mata por dinero o por poder está sufriendo profundamente. Quien paga por la cabeza de alguien jamás ha escuchado que la comunidad lo llama cariñosamente por su nombre. Los asesinos de las casi 40 mil mexicanos están entre nosotros. Para ellos su propia vida no vale mucho más que dos mil pesos, y lo saben. Esta es la desgracia instalada en México. Para algunos vivir no es una fortuna, sino una condena.

 

Bajo esta óptica, ni los políticos ni los militares tienen algo que aportar. Están igualmente extraviados. Optar por la guerra en pleno Siglo XXI es perverso y sádico. Denota un desconcierto atroz, una confusión obsesiva. Quienes nos han obligado a una guerra no se han detenido a mirar con extrañeza  el milagro de estar vivos. Temen tanto estar equivocados que imponen su palabra militarizando nuestras ciudades. Nos arrebatan nuestros derechos. Nos tratan como rehenes de guerra y acusan a las drogas de esta desgracia ¡por favor! La desnutrición, la precarización del empleo, la vergonzante desigualdad, el abandono educativo (¡en manos de Elba Esther!) más el monopolio del poder político en manos de cárteles que llamamos amablemente partidos políticos. Esto, más nuestra obsesión por acumular. Esto, más nuestra irresponsabilidad en el consumo. Esto, más la pérdida gradual de compasión nos ha puesto de rodillas a llorar.

 

Bajo esta lógica materialista ciertos problemas se arreglan matando.  Saltemos de este tren con destino al acabose. Que permanezcan sólo los suicidas. Aquel sicario, aquel político, aquella ciudadana que cree que la vida debe continuar debe saltar hacia la paz. Decir no a la guerra es plantearnos otra forma de existir.

 

*Texto leído en la manifestación nacional “Si estamos juntos no nos tocan”, del miércoles 6 de Abril de 2011 en la Explanada de los Héroes, en Monterrey, NL

Springterrey

1 abr

Antonio Ramos Revillas lo dijo todo cuando nos rebautizó como Springterrey. Con esta reflexión termino de leer el periódico todas las mañanas. La única diferencia es que cada día sonrío menos al comprobar la agudeza del escritor regiomontano. Cuando recién acuñó el término muchos festejamos la comparación entre la ciudad en donde habitan Los Simpson y la nuestra. Nos pareció divertido, además, porque entonces teníamos un alcalde en Monterrey sumamente parecido al Alcalde Diamante. Ahora, sin embargo, tanta coincidencia me parece trágica.

Empujados a negociar con realidades cada vez más difíciles de creer, los regiomontanos corremos el riesgo de perder la cordura. Parece que vivimos permanentemente en el final de una mala película: sometidos y colocados sobre una banda automática que avanza hacia una prensa dentada sin que el héroe aparezca. La música se inflama, la angustia crece. Entonces sospechamos que tal vez no se trate de una mala película gringa con final feliz, sino de uno de esos filmes asiáticos o europeos que terminan mal.

Así, condenados a tan cruel destino, buscamos desesperadamente la mirada de quienes debieran estar insomnes y pálidos, desesperados, sin aliento, leyendo hasta desfallecer, buscando frenéticos alguna solución, debatiendo, llamando expertos, para detener, para frenar, para desactivar la banda metálica que nos transporta hacia el abismo. Tendrían que estar al borde del colapso físico, como lo están los japoneses que advierten sobre sus hombros la responsabilidad de salvar a su pueblo de un desastre nuclear. Pero nuestras autoridades parecen vivir en Springfield.

Tal vez por eso confunden su función con el entretenimiento. Dilapidan el dinero del pueblo en publicidad e imagen; pagan -con nuestro dinero- sueldos a jóvenes que los defienden y vitorean en las redes sociales. Muy en lo profundo se saben rebasados por la realidad, incapaces para legislar, gobernar o impartir justicia, pero no serán los primeros en renunciar (¿por qué yo? Que renuncie primero Fulano). Así han desprestigiado la función pública como nunca nadie, y han mandado a las instituciones al diablo, como alguna vez soñó López Obrador.

Por eso, cuando veo a Mauricio Fernández, orondo, develando como monumento los mensajes y las fotografías impresas en su camioneta Hummer, me pregunto si cree que la ciudadanía goza igual que él de sus ocurrencias. Cuando veo al Diputado Víctor Fuentes en tribuna ofreciendo a sus compañeros una cajita de “te jodiste” no sé qué me indigna más, si la irrelevancia de su show o la indolencia que demuestran ante la miseria y la consecuente violencia que azota nuestra Ciudad.

¿Qué decir de quienes, como Benjamín Clariond, han dicho que no es suficiente el índice de ejecuciones oficiales? “Deben de matar más”, dijo el Diputado federal, ¿representando a quién? ¿Cómo es que a un ex Gobernador se le ocurre que la mejor manera de salir de este problema es asesinando mexicanos?, ¿cómo es posible que otros varios propongan enlistar en el Ejército, como carne de cañón, a jóvenes a quienes se les ha negado sistemáticamente el acceso a la educación y al trabajo?

Springterrey es una ciudad suicida. Todos los días se lamenta de su suerte, pero es incapaz de formular nuevas preguntas. Síntoma inequívoco de locura: esperar distintos resultados sin cambiar el procedimiento. Cual mártires, preferimos morir antes que despabilar nuestras conciencias.

Las autoridades, por otro lado, están atascadas en la irrelevancia. Nada de lo que dicen tiene por objeto despertar, sino adormecer. Pretenden recetarnos las grillas de sus partidos o de sus grupos como asuntos de suma prioridad.

Como no creo en caudillos, no estoy por la labor de proponer un cambio de jinetes. No se trata de renovar nombres ni apellidos, sino de discutir hacia dónde vamos. Quienes detentan el poder político lo hacen tan mal como lo harían otros, si se quiere, más decentes. El problema es la estructura. Pero ayudaría bastante que ellos y ellas, hoy, en sus importantes escritorios, despertaran de su fantasía de ego, dinero y poder.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 38 seguidores