Archivo | diciembre, 2009

Para despedir el 2009

31 dic

Visto así, puede que no tenga nada, pero lo tengo todo.

Mi casa en la playa

11 dic

“Ya no lo pienses, construye tu casa en la playa”, reza la publicidad del Fondo Nacional de Fomento al Turismo que ofrece terrenos en las playas mexicanas desde 450 pesos el metro cuadrado.

Enfoco bien porque no puedo creerlo. El anuncio presenta una panorámica apacible y soleada de una playa con una casita sobre la arena, trazada con frases como: “Saber que cuento con un hogar así”, “Me encantaría escaparme de todo”, “Tener una casa cerca del mar”. La publicidad cierra con: “En Fonatur te llevamos de la mano para conseguirlo”.

En su versión multimedia, edificios, casas e industrias son trazados a unos cuantos metros del mar mientras una voz en off anuncia, victoriosa: “Hemos creado posibilidades en donde parece que no hay nada”. Pero, un momento, ¿qué diablos hace el Gobierno comportándose como un agente de bienes raíces? ¿Es válido como opinión de un gobierno despreciar el valor de las playas vírgenes? Frente al anuncio me sentí burlada, como quien descubre que alguien más, sin autorización, decidió ofertar en “avisos de ocasión” la casa de la abuela, espacio en el que todos entrábamos, último referente de la propiedad familiar.

Entre el año 2000 y el 2007, Fonatur había rematado 15 millones de metros cuadrados de playas, principalmente en la costa del Pacífico. Quien fuera titular de la dependencia durante el sexenio de Vicente Fox, John McCarthy, hoy es prófugo de la justicia, acusado de vender ilegalmente 255 hectáreas en Cabo Cortés, en Baja California, aunque no es el único proceso penal que tendría que enfrentar. En Cancún también tiene una acusación por vender terrenos sin autorización de sus legítimos dueños.

Sin embargo, en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados del 12 de marzo de 2009, se desecha la iniciativa de crear una subcomisión que investigue las operaciones realizadas por McCarthy.

Actualmente, Fonatur es dirigida por Miguel Ángel Gómez Mont, en cuyo currículo no hay un solo referente en el sector turístico, en cambio, lleva toda la vida construyendo casas y dirigiendo organismos y empresas de la industria de la construcción. El perfil de su titular nos puede dar razón de por qué aparece en periódicos de circulación nacional un anuncio en que nos convoca a comprar una casita en la playa. ¿Esto es fomentar el turismo?

Greenpeace lleva denunciando el hostigamiento y las amenazas de que son objeto los ejidatarios de la costa que aún no aceptan ceder sus tierras a Fonatur. Incluso, la dependencia ha llegado a denunciar a comuneros de invasión, aun cuando puedan acreditar la propiedad de sus ejidos. La organización ecologista también denuncia el irrisorio precio que terminan aceptando los ejidatarios y la depredación indiscriminada en los ecosistemas marinos y costeros que ha sido provocada por la rapacidad de Fonatur, que sin el menor escrúpulo vende playas al mejor postor.

Lo más perverso de esta historia es que quienes acaban construyendo esa casita divina a orillas del mar no se enteran de lo que ocurrió antes de su felicidad. No saben -y la mayoría no querrá saberlo- cuánto recibió el comunero por su paraíso, ni cómo fue presionado a venderlo. Al preferir ignorar esta realidad, retiran tras de sí los puentes que nos comunicaban como comunidad. “En la medida en que esta cosmovisión se sostenga”, la de no cuestionar el origen de nuestros privilegios, “y se convierta en el canon de la virtud pública, no puede aceptarse el principio comunitario de compartir… retirando tras de sí los puentes que cruzaron sus padres”. Esto lo dice Zygmunt Bauman, en su ensayo “Comunidad” (editorial Siglo XXI, 2006).

Al escribir sobre este caso, que los regiomontanos podríamos sentir cómodamente lejano, no dejo de pensar en esos desarrolladores norteños que, según el titular de Semarnat, Juan Elvira Quesada, muestran “voracidad por las tierras” al construir y mudarse a reservas protegidas, patrimonio del pueblo.

Una sociedad desarticulada queda vulnerable ante las ocurrencias de las autoridades. Pero, ¿quién de nosotros renunciaría a su casa en la playa para alzar un puente?

ximenaperedo@yahoo.com.mx


(Columna publicada en el periódico El Norte, el viernes 11 de Diciembre de 2009)

¡Adelantamos la pachanga! ¡Ojo!

9 dic

No puedes faltar, porque además de que habrá un buen cotorreo y música increíble, con tu cover y tu consumo colaboras en la campaña de procuración de fondos que estamos iniciando para retribuir los servicios de un despacho de defensoría ambiental.  A  quienes hoy estamos aquí, nos corresponde velar porque quienes vengan encuentren a la Sierra Cerro de la Silla viva y hermosa.

AVISO: LA FIESTA SE CAMBIA PARA EL DÍA VIERNES 11, NO PUDIMOS ESPERAR HASTA EL SÁBADO. CORRE LA VOZ!

Carta a Beatriz Paredes

8 dic

8/12/2009 PROCESO
por Sabina Berman

En sus *Precisiones* , texto publicado en El Universal el 30 de noviembre
pasado, se disculpa usted y se sustrae del mundo de las acciones. El partido
que usted preside votó durante el año de 2009 en 17 estados por criminalizar
la interrupción del embarazo, pero escribe usted que no tiene
responsabilidad en ello. Usted se vio forzada a ponerse al margen, y como
Pilatos, ahora se lava las manos. ¿Por qué?

Su razón se divide en dos tiempos.

1. Usted es feminista y personalmente está por la despenalizació n absoluta
del aborto, pero por desgracia el PRI ha sido un partido menos
“vanguardista” en “los temas de derechos civiles”.

2. Por eso, cuando 95% de los diputados priistas de esos 17 estados votaron
en contra de lo que usted misma hubiera deseado, se vio en la amarga
necesidad de respetar sus voluntades, porque usted es “una feminista”, sí,
incluso es “una mujer de izquierda”, sí, incluso es una “modernizadora” ,
ajá, pero ante todo, y de manera “crucial”, es “una demócrata”.

Bueno, licenciada Paredes, es conmovedor, pero lamento informarle que sus
argumentos son falsos. Simplemente no se arraigan en los hechos. Por lo
contrario, los hechos contradicen sus dos argumentos. Me explico:

1. Falso que el PRI sea un partido reaccionario en cuanto a las libertades
de las mujeres. Al revés: En el ensanchamiento de las libertades de las
mujeres, el PRI ha sido la vanguardia –una vanguardia acaso demasiado
paulatina, pero vanguardia al fin.

En tan temprana fecha como 1974, siendo dueño de la Presidencia y del
Congreso, fue el PRI el que reformó el artículo 4 de la Constitución, para
garantizar el derecho de toda mujer “a decidir el número y espaciamiento de
sus hijos”.

Igualmente, en las últimas dos décadas fue el PRI, ahora con ayuda del ya
existente PRD, el que se dio a la tarea de generalizar en los estados del
país las excepciones que permitían el aborto. Es decir: Hasta hace un año,
se permitía a una mujer interrumpir su embarazo en todas las entidades del
país si había sido violada; en 30 estados, si abortaba debido a un
accidente; en 29, si su vida peligraba; en 14, si el producto sufría de
malformaciones, y en 11 estados por otras circunstancias.

Y, por fin, fue el PRI el que durante el reciente año de 2006 presentó en la
Asamblea Legislativa del DF la primera ley que legaliza –y ordena los medios
gratuitos– para la interrupción del embarazo en cualquier circunstancia,
siempre y cuando el producto tenga menos de 12 semanas de gestación.

No, licenciada Paredes. Durante medio siglo el PRI estuvo por el paulatino
ensanchamiento de las libertades de las mujeres en México. Es únicamente
bajo su presidencia que el PRI ha legislado para destruir su propia obra y
para negar, abruptamente, el derecho de las mujeres a decidir sobre sus
propios cuerpos.

2. Escribe usted que ha tenido que sacrificar sus altos ideales feministas y
de izquierda por los todavía más cruciales ideales democráticos. Como
presidenta del PRI, su deber ha sido respetar la libre elección de cada
diputado priista al votar, bajo el peso de su conciencia individual, SÍ o NO
las reformas que criminalizan el aborto.

Qué lástima: falso otra vez.

En 17 estados 95% de los priistas votaron por criminalizar el aborto. La
uniformidad del voto tricolor para destruir su propia trayectoria y
contrariar su supuesta ideología social-demócrata es inexplicable, a menos
que uno suponga que los diputados recibieron desde lo alto la orden de votar
así.

Desde lo alto: ¿desde dónde?

Opciones más socorridas: a) desde las oficinas de los gobernadores, que
negociaron con el clero la libertad de las mujeres y la pusieron a usted, en
efecto, al margen; b) desde la presidencia del PRI, cargo que, le recuerdo,
usted ostenta, o c) desde la oficina del Espíritu Santo, como ha insinuado
el obispo de Acapulco.

Haya sido desde donde haya sido, lo único seguro es esto: La democracia no
tuvo nada que ver en estas votaciones, donde las formas también revelan cómo
las conciencias individuales de los diputados priistas fueron
atropelladas.

Típicamente, cada diputado priista recibió un día antes de la votación el
texto de la reforma. Así, cada legislador tuvo apenas una noche para leerla
y estudiarla y consultar documentos y expertos e ir a pedir su reacción a
sus representados, los ciudadanos, y tal vez viajar al extranjero para
atestiguar las experiencias de otros países. Cosas que lógicamente no pudo
realizar. Se sabe incluso de diputados que llegaron al día siguiente al
Congreso sin haber terminado de leer la pretendida reforma. Y ahí, en el
Congreso, el debate previo a la votación duró un par de horas llenas de
gritos y molestia y sorna ante los pocos argumentos que se intentaron desde
la tribuna.

¿Democracia, licenciada Paredes? No. Simulación de la democracia, licenciada
Paredes.

3. Entonces pues: Ni la primera mitad de su argumento ni la segunda mitad se
ajustan a los hechos.

Probablemente usted no ha presidido sobre los arreglos de los caciques
estatales con el clero, a pesar de ser presidenta del PRI. O probablemente
sí ha presidido. Probablemente usted ya no pretende ser feminista cuando se
mira al espejo. O de nuevo, probablemente sí. Da igual. A partir del terreno
donde las palabras no embonan con los hechos, todo es posible en el verbo.
Todo es ficción.

Y mientras tanto, 33 mujeres duermen en la cárcel por haber interrumpido un
proceso biológico dentro de su propio cuerpo; 140 mujeres se encuentran en
procesos legales por lo mismo. Y en siete estados los caciques priistas
alistan idénticos golpes contra las mujeres y contra la democracia.

Esos sí son hechos, licenciada Paredes

Por supuesto que no estoy borracha

8 dic

La luminosa mañana de domingo cuela sus dedos por la ventana para picarnos los ojos. Como vamos pudiendo, por pedazos, a mitades, aparecemos en la mesa de la cocina. Alguien más tendría que servir el café pero nadie se mueve. Resignada pregunto quién quiere y aunque nadie abre la boca, recojo, cual víctimas de guerra, cuatro agonizantes miradas. Tomo cinco tazas de la gaveta. La noche de ayer éramos otros. De ninguno de sus hijos desterrados, la noche recibió un solo reclamo y de los pincheszetas nos reímos con cierto retraso, como el espectador que apenas descubre que la película es de humor negro. Ataviados en nuestras armaduras y yelmos de lana salimos a explorar nuevos horizontes; prometimos no volver a pisar tierra firme sin regresar con la noticia de un pedazo de cobija reconquistado. Para evitar las corrientes del Barrio Antiguo navegamos con rumbo hacia el poniente, por la calle Isaac Garza, último puerto en donde quedaron registrados nuestros nombres. Encontramos a más viajeros en el camino, que nos recomiendan visitar El mexicano bar aunque, después de advertir nuestras coloridas bufandas y gorros, y la torpeza de nuestros pachonchos movimientos, titubean un poco. Yo, que soy la más sensible del grupo –o la más clavada, depende- pregunto si nuestra presencia (tan fresa) podría agredir al espíritu del lugar o a los parroquianos. Les da flojera contestarme, pero eso no me ofende, porque deciden acompañarnos. Cargan a Clòe y tomamos la calle Guerrero hacia el norte. Líbranos de los fresas como de las náuseas leo en voz alta y me detengo. Le digo a Diana que no la llego, pero en realidad prefiero no terminar de leer el último verso del Carta Blanca Nuestra que, junto a las calaveras y las llamas ardientes pintadas en el fondo del local, dan un siniestro toque místico al lugar. Hay más oraciones y odas a la carta, pero prefiero registrar por el rabillo del ojo el enorme mural que representa la evolución humana: del chango al hombre peludo, la cadena consta de tal vez seis o siete eslabones, todos, hasta el simio, presentan una panza cervecera y son chaparritos, como la mayor parte de la congregación. Soy elegida por un chico que se detiene a mi lado, me pregunta si formo parte del Colectivo Conciencia Activa, -por fortuna se perfectamente de lo que habla-, mi respuesta le interesa lo suficiente como para apadrinarme en esa, mi primera –y talvez última- noche en el anarco punk bar en donde Rotten me ofrece un trago de su caguama. Los mohawks arcoiris y de spikes se pasean por su lugar provocando que fabrique preguntas que, tengo claro, nunca debo formular. En el ambiente se cuela un tufillo a resistol que se mezcla con algunas rolas de Caifanes que no han dejado de sonar desde que llegamos. Los amigos encuentran conversaciones avivadas, los observo contentos, abrazando contra su pecho a sus gigantescas botellas –en El mexicano sólo hay caguamas-. En invierno, Ángel usa toallas femeninas como plantillas en sus zapatos pues, asegura, absorben la humedad y mantienen calientes sus pies. Se me ocurre que es un buen momento para recomendar los productos que ha comenzado a vender. Se descalza, inocente, y yo tomo una de sus botas, que efectivamente tiene adherido en el interior la toalla blanca con su banda azul ultra absorbente. Cuando he logrado captar la atención de los amigos, que no pueden creer que tanta hombría se sostenga sobre dos kotex decido realizar la prueba. Ángel grita desde su silla, que yo percibo muy lejos pero que en realidad está a poco más de un zarpazo, que no me atreva. Pero mi público espera, por eso derramo cerveza sobre la superficie de algodón para comprobar que, ¡Ohhhh! ¡la cheve ha desaparecido! Por primera vez Ángel se enoja conmigo, pero el público aplaude. Me hubiera entretenido en elaborar mejores disculpas pero un hombre en la barra roba mi atención. ¿Qué diablos está haciendo? Me acerco para confirmar que acaricia y besa a una perrita poodle que porta una sudadera afelpada rosa, con estampados de ositos. ¡Es Clòe! Busco con la mirada a Lili y a Julio, pero ellos están en otra cosa. Siento que debo prevenirlos y me pregunto si mi indignación es justificada o es producto del alcohol. El dilema se cancela cuando Julio, de la nada, me escoge para platicar un rato. Voy al grano: ¿con quién está Clòe?, ¿es de confianza?, ¿ya viste como la acaricia? Julio despega sus labios pero no dice nada. Escruta mi rostro con cierta desconfianza, esperando que me ría en los siguientes segundos, de lo contrario, lo asume, tendrá que responder como si me tomara enserio. No me río, al contrario, le digo: no está bien, Julio. Me da la razón y desaparece de mi vista. Pero yo, que he empezado mi labor, no me dejo desanimar. Así que voy con Lili, que muestra un poco más de empatía pero que igual me dice que va al baño y que ahorita vuelve. Descartadas las primeras instancias, no me queda otro remedio que enfrentarme al “cariñoso tío de Clòe”. Envalentonada con unos lentes humeados que le quito a Pulido con extraordinaria facilidad, abordo al presunto corruptor disfrazada de niña tonta: ¡Qué bonita perrita! ¿es tuya? Sí, me contesta el desgraciado. Ay, qué linda, ¿cómo se llama? El tipo musita un nombre inaudible –que por supuesto no es Clòe-, ¿cómo dijiste, Curriqué? Curricuarri, me contesta y para entonces creo que lo he descubierto. Curricuarri no es nombre para un perro, no lo puedes llamar: Curricuarri-curricuarri-ven-. No, le digo, no queda. Así que comienzo de nuevo, aunque en otro tono: ¿Cómo se llama tu perro? El tipo piensa, -estúpido-, que le estoy coqueteando. Por eso, en lugar de responder a mi pregunta me dice que tengo una mirada blablablá y que mis ojos… Lo detengo: no me has contestado, vaquero –no se porqué lo llamo vaquero, pero en ese momento me sonó muy adhoc-: ¿cómo(diablos)-se-llama-tu-perrita? Descontrolado ante mi insistencia me contesta hiriente: ¡Curricuarri! Entonces me enciendo de veras: ¡Mientes!, se llama Clòe y es camarada mía. El tipo me mira con cara de parabromitayaestuvo, pinche vieja, pero no me dejo intimidar, así que le digo, ¿por qué no la sueltas? Su mirada se transforma, como si rompiera su cascarón. Vencido me dice, mientras besa la peluda mollera de la perrita, está bien, pero prométeme que la vas a cuidar. A punto está de entregarme a Clòe cuando hago conciencia de que yo, en realidad, no quiero terminar la noche cargando un perro, por más simpático que sea. Aprovecha mi titubeo para pedirme que le tenga confianza. Con esto me desarma porque siento que me habla desde su fuero más interno, así que no me queda más remedio que otorgarle mi voto y despedirme de él y de Clòe. Lo siguiente lo tengo un poco revuelto. No se cómo todo cambia pero mis amigos comienzan a movilizarse de manera muy sospechosa. Se quieren ir ya, con urgencia. Vámonos, me dicen. Fuga, me toman del brazo. Aléalé. ¿Quién te mentó la madre? me enfrenta Rodolfo, consternado. ¿Qué qué? Lo siguiente es caminar por un trazo que marcan los de adelante y los de atrás, mientras el tío de Clóe me pinta permanentemente un dedo y grita ¡Son unas mierdas!, ¡lárguense!, ¡Son unas mierdas! Sus gritos me persiguen hasta la calle. No lo comento con nadie en esa caminata hacia el Chacmol, pero me siento muy triste y me dan ganas de llorar por haber causado la expulsión del grupo. Mi consuelo es ver a Clòe trotar victoriosa al frente del pequeño contingente.

Pueblo bicicletero

4 dic

Pensándolo bien, ¿cuál es el problema de los pueblos bicicleteros? Aunque por muchos años fueron tachados como la deshonra familiar y los machos modernizadores fueron capaces de retar a trompadas a cualquier extranjero que se atreviera a decir que México era eso, un pueblucho sin el progreso de la velocidad motorizada, el día de hoy, mientras las obesas ciudades enferman y se colapsan, las comunidades sustentables se yerguen como los últimos referentes a los que recurrir. Tal vez nos equivocamos al bajarnos de las bicicletas.

El progreso dejó de ser un concepto intangible para materializarse en la carrocería metálica y brillante de un automóvil. Tener un carrito, por más sencillo que fuera, nos abría las puertas de la modernidad, lo que sea que eso significara. La campaña fue tan efectiva que las tiendas se quedaban sin autos qué ofrecer. Así, los vehículos motorizados se multiplicaron hasta convertirse en los amos de la ciudad. Ahora gobiernos y los legisladores trabajan para los señores de Nissan, Ford, Chevrolet, Toyota, Ibiza, Honda.

Los niños dejaron de salir a jugar con sus vecinos. La calle cambió su vocación. Lo que antes fue el espacio ideal para sacar las mecedoras a recoger el día, ahora es un gigantesco y serpenteante estacionamiento. Las banquetas fueron devoradas por los exigentes automóviles, los presupuestos públicos inclinaron sus cabezas hasta tocar el caucho de sus llantas. Los peatones y ciclistas se volvieron seres marginales, parientes incómodos de la moderna familia mexicana.

A la Ciudad se le conoce siendo peatón o ciclista. Decir que amamos el terruño cuando ni siquiera rozan nuestros pies su pavimento, ni se mojan nuestros zapatos en sus charcos es profesarle un amor falso, como el de los amantes que no se tocan.

El uso excesivo del automóvil ha debilitado el arraigo que alguna vez tuvo la comunidad por sus plazas y sus hermosas calzadas. “Demasiados autos matan al auto y a la ciudad”, advierte la Asociación Internacional de Transporte Público.

Estando convencida, como lo estoy, de la importancia de utilizar el automóvil lo menos posible, no sólo por lo contaminante que es, sino por lo inútil que resulta en horas pico, decidí mudarme a otros medios de transporte. La experiencia ha sido frustrante cuando me topo de frente con la indiferencia de las autoridades acostumbradas a despreciar a los usuarios del transporte público.

En esta Ciudad el trazo de las rutas camioneras pertenece a la tradición oral, por ejemplo. La Agencia Estatal del Transporte guarda este secreto con suma confidencialidad, compartiéndolo únicamente con ¡usuarios de internet! Cuando me encuentro extraviada sin saber qué ruta tomar para llegar a mi destino, me pregunto seriamente ¿a qué se dedica la Agencia?, ¿a calcular la próxima alza a las tarifas? Porque mientras el transporte urbano sigue presentando los mismos vicios de siempre -la renovación de las unidades era una obligación marcada por la Ley- las tarifas se acercan a los 10 pesos por viaje.

Además de los obreros y trabajadores que utilizan la bicicleta en sus jornadas diarias, un grupo cada vez más amplio de ciudadanos convocan a aceitar la vieja “rila” para ponerla a rodar de nuevo. Como en Guadalajara y en el DF, aquí en Monterrey comienza a circular un nuevo paradigma urbano: movernos con nuestra propia energía a la velocidad de nuestro esfuerzo, ni más ni menos. Motivado por esta sencilla idea, el grupo Pueblo Bicicletero organiza rutas por la Ciudad una vez al mes saliendo de la plaza del Colegio Civil.

Las crisis nos empujan a desear transformaciones. Implementando algunos cambios nada onerosos y sencillos podríamos ir relajando el rostro de la Ciudad. Los ciclistas deberíamos de poder viajar en Metro y en camión con nuestras bicicletas. Instalando racks a estos dos transportes públicos, los usuarios ahorraríamos tiempo y dinero. Al reservar ciclovías dentro del trazo urbano -no en parques, sino en calles y avenidas- los gobiernos apostarían, sin reveses, por la movilidad urbana sustentable.

Pero no esperemos a que el Gobierno haga su parte, comencemos a pedalear.

(Columna publicada el viernes 4 de Diciembre de 2009 en el periódico El Norte).

Desheredada

1 dic

 

Todos los nudos convergen en Juárez

Y, ahora, ¿cuál podrá regresarme?

 

 

A mi mis papás no me enseñaron a moverme en camiones. Ni mis abuelos. Nadie me compartió la tradición oral de qué camiones me llevan y cuáles me traen. Por ello desde que decidí moverme todo lo posible en transporte público caí en cuenta de la gran desventaja que me marcó. Los otros, los poseedores de la sabiduría, quienes saben qué camión esperan sentados en la parada, me miran de reojo. Se me nota que estoy perdida. El secreto mejor guardado de la ciudad es el mapa de las rutas y sus paradas. Este no es conocimiento abierto, sino especialmente vedado para quienes tenemos automóvil. Descubro una discriminación nueva.

¿Por qué, maldita sea, en los parabuses se anuncian champús, relojes y vinos pero nada se dice de las rutas que ahí se detienen? Quienes deseamos mudarnos del uso del automóvil al transporte colectivo nos topamos con una puerta cerrada. La hostilidad conjunta de una ciudad se manifiesta en detalles como estos. La Agencia Estatal del Transporte no está promoviendo la cultura del transporte sustentable entre la población. Ahora mismo se concentra en calcular  el alza a los boletos en el 2010.

Para todos aquellos desheredados, les recomiendo este sitio, elaborado por un ciudadano solidario. www.rutadirecta.com

Cristalazo

1 dic

 

La palabra del fin de semana. Antes de ella una inocente discusión sobre si pedir o no otra torta de pavo. Aquel era una viernes plácido, merecido al final de la semana. En el dulce aburrimiento de los quince minutos antes de pararnos e irnos al cine estábamos, cuando una alarma se coló fugaz dentro del establecimiento. Rodolfo salió corriendo a constatar lo que sospechaba. Se trataba de nuestro auto y se trataba de su laptop, que no volverá a ver.

No sentí coraje, más bien tristeza.

 

 

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