Año con año, jóvenes de preparatorias y universidades privadas estacionan sus autos junto a algún importante cruce de avenidas para iniciar una divertida experiencia conocida como “boteo”, es decir, pedir dinero entre los autos que aguardan el cambio de luz. ¿Gusta cooperar para las misiones? es la pregunta típica de abordaje. Pero lo más sospechoso de sus beatas intenciones es que cada vez que se instalan en un crucero perjudican gravemente a los mendigos con quienes comparten la plaza, porque claro, los conductores prefieren dar sus monedas a gente sonriente y fresca, y no a los pedinches que en lugar de trabajar estiran la mano.